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1 de octubre de 2009
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INAUGURACIÓN

Alfredo Ceverino entrega La Posta

Siempre comprometido con el futuro y la comunidad, el maestro abre paso a cinco jóvenes artistas, Leandro Pintos, Paula Dreidemie, Luis Humberto, Alejandro Ceverino y Laura Rudman, sus alumnos.

Poner las manos en el fuego por cinco artistas a los que vio crecer. Eso es lo que a partir de hoy en el ECA (Gutiérrez y 9 de Julio) hace Alfredo Ceverino con la inauguración de La Posta, muestra en la que también participan Leandro Pintos, Alejandro Ceverino, Paula Dreidemie, Luis Humberto y Laura Rudman.
La exposición propone tres sábados de actividades para los más pequeños, quienes podrán participar en talleres de coro, pintura y percusión. Para inscribirse en estos talleres sólo hace falta llevar un alimento no perecedero, el cual será destinado a comedores populares. Sobre el trabajo de Ceverino y sus discípulos y, particularmente, sobre La Posta, Mempo Giardinelli escribió: “Cuando el arte gana la calle y se pone en manos del pueblo, no hay manera de que la creatividad no motorice ideas, representaciones, formas, estéticas probablemente ya conocidas pero revisitadas, y eso está muy bien. No hay por qué esperar grandes revoluciones artísticas.
Y es que, en esencia, lo que importa en estos casos es la horizontalización de lo exclusivo. Quizás esa sea la apropiación más irreprochable del mundo global. Quizás sea el camino que nos están trazando aquellos creadores que, además de talento, tienen conciencia social”.

LAS MISMAS ESPERANZAS. Entre mates y facturas, entre Los Olimareños, caballetes y frascos de pintura, entre cuadros terminados, esculturas a medio hacer y los cientos de materiales con los que el maestro compone sus obras, El Sol conversó con él y Laura Rudman, Paula Dreidemie y Alejandro Ceverino sobre muestra. “No es que deje la posta y me abra”, comienza explicando Alfredo Ceverino sobre la exposición. “No es irse a cuarteles de invierno, sino que es como ir colgando faroles, y de esa forma afirmar la idea de que a los jóvenes hay que protegerlos”, resume, explicando el sentido de La Posta.
Esta actitud de depositar la confianza en los jóvenes conlleva una apuesta al futuro. “Todos estamos con las mismas esperanzas, yo sigo teniendo las mismas esperanzas y las mismas expectativas que todos ellos, a lo mejor de distinta forma, pero ante una muestra me pongo tan nervioso como ellos”, sintetiza, y de inmediato explica uno de los motivos de la necesidad de confiar en los nuevos pinceles, afirmando: “Han agrandado tanto la brecha generacional, que hay que salir un poco a romper este distanciamiento”.
Y en cuanto a qué es lo que lega Ceverino, él mismo lo ilustra con una frase de Giovanni Bosco que asegura que lo que identifica y unifica a los hombres es la actitud de cerrar los oídos a los consejos y abrir los ojos a los ejemplos. “En todo caso, si a ellos les sirve que yo me haya pasado la vida pintando y siguiendo una utopía, esa zanahoria en la punta del pincel, me parece bien. En mi caso, me está justificando cuarenta años dedicados al arte”, concluye.

NUEVAS VOCES, OTROS COLORES. Pasan los mates y la música sigue de fondo, y ahora son los discípulos quienes toman la palabra. “Cuando uno quiere dedicarse a la plástica como profesión, quiere mostrar la obra, ven d e r l a , empiezan a qué está pasando al lado, de creer en los pibes.
Porque hay una desnutrición de comida pero también de cultura, y si uno puede arrimar el arte como un alimento, esa sola oferta le da la posibilidad a la gente de que abrace algo nuevo, y si el artista no puede hacer eso, entonces no tiene sentido. Ese es el sentido de La Posta y lo que se está entregando no es el pase a cinco artistas jóvenes, es la posta, por ejemplo, a los chicos que van a ir a los talleres”.
Recuperando la idea de la “horizontalización de lo exclusivo” a la que se refería Giardinelli, Rudman aclara que hay formas para que el arte colabore con la cuestión cotidiana, dejando de lado la idea del arte “como una cosa de vitrina, de elite”, y esos métodos son con los que los ha alimentado Ceverino.
Por eso, Paula Dreidemie resalta la transmisión de “la actitud de jugarte por una convicción que trasciende una tela, un espacio, un museo”. “Eso es lo que más me llega de esta entrega de la posta, que se expresa en esto de no dejarte llevar por modas que te dicen cómo debés expresar las cosas en este momento para tener éxito o para poder vivir de lo que hacés, y también en dar lo que tenés para ofrecer a tu comunidad y hacer un ida y vuelta, porque esto es lo que yo tengo para ofrecer, pero también construyamos algo juntos. Hacer una experiencia horizontal del arte”, finaliza, volviendo a las palabras de Giardinelli.

SOBRE LOS TALLERES. La muestra que se inaugura hoy se complementa con actividades que involucran la docencia, entendiendo a esta como una acción conjunta y de participación de todas las partes. Por eso, la propuesta para el taller de pintura del sábado es que los padres que acompañen a sus hijos truequen el alimento no perecedero de la inscripción por la obra recién hecha de alguno de los niños que participen en la actividad, no la de sus propios hijos, claro.
Así, serán los pequeños quienes hagan la donación a los comedores, gracias a su producción plástica. Un ida y vuelta entre el arte y la realidad social, un paso más en esta posta de Ceverino hacia sus discípulos. llegar consejos de todos lados, y uno se siente acorralado, porque muchos dicen lo que hay que pintar ahora, por los concursos, por el mercado, pero hay ejemplos concretos de gente que pinta lo que es y toda su vida va a pintar lo que es, más allá de que el arte y uno evolucionan, pero no transa.
Hay gente que no transa, que realmente no podría no pintarse a sí misma, y esas son las cosas de Alfredo que son mi ejemplo”, dice Laura Rudman sobre el principal aporte que trabajar con Ceverino le ha dejado. Para explicar lo que significa el quehacer conjunto como un hecho que trasciende la obra de arte como un fin en sí misma hasta convertirse en la muestra que inauguran hoy, Alejandro Ceverino señala: “Es una cuestión de conducta.
La Posta es la entrega de eso, del ejemplo vivo de la manifestación, a través de una obra auténtica persiguiendo otras cosas, porque uno pinta lo que pinta, pero también está el compromiso de fijarse

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