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15 de septiembre de 2009
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OPINION

Al fin, la cuestión racial apareció

Los recientes abucheos de los conservadores del Congreso al presidente Barack Obama evidencian la polarización política en Estados Unidos, pero, en opinión de los expertos, tienen también un cariz racial

    Los recientes abucheos de los conservadores del Congreso al presidente Barack Obama evidencian la polarización política en Estados Unidos, pero, en opinión de los expertos, tienen también un cariz racial. Aún ahora, días después de que el legislador republicano Joe Wilson interrumpiera un discurso de Obama ante el Congreso con un exabrupto, cunden los comentarios en la blogósfera y los programas de análisis de radio y televisión sobre la “mala educación” del congresista y, peor aún, sobre las repercusiones para su partido.

    La noche del miércoles, cuando Obama aseguraba que la reforma de salud que estudia el Congreso no cubriría a inmigrantes indocumentados, Wilson, republicano por Carolina del Sur, le gritó: “¡Usted miente!”, provocando el rechazo, incluso, de sus correligionarios. No obstante, muchos de ellos, antes de la intempestiva réplica de Wilson, ya habían mostrado su desacuerdo con Obama, con letreros hechos a mano. Los republicanos habían alzado copias de su propia versión de la reforma en señal de protesta, mientras que otros escribían mensajes de texto en sus celulares.

    Aunque los abucheos no son un nuevo fenómeno –también los recibieron Bill Clinton y George W. Bush–, lo que llama la atención es la intensidad del rechazo de los conservadores hacia Obama, el primer mandatario negro en la historia del país. Ocho meses después de su investidura, Obama no se ha ganado el respeto de los ultraconservadores, que siguen cuestionando su legitimidad como jefe de Estado; alegan que no es ciudadano de EEUU, critican sus políticas y llevan armas a reuniones comunitarias para manifestar su rechazo a la cobertura médica universal. “No tengo la menor duda de que esto es racial. Tienes a Wilson, un blanco de un estado sureño, insultando al primer presidente afroamericano del país, mostrando una enorme falta de respeto”, dijo Larry Berman, analista político de la Universidad de California, en Davis.

    “Esto ha llegado a un nivel que no se había visto antes y debe preocupar su impacto en el diálogo nacional. Wilson se disculpó porque fue presionado, pero su mensaje es que es aceptable ese tipo de conducta pública”, advirtió. Tampoco el profesor Allan Lichtman, de American University, duda del corte racial. “No es la primera vez que Wilson deja entrever su racismo, aunque esa no sea su motivación principal”, aseguró.

    “La motivación principal de los conservadores es hundir las iniciativas de Obama como sea, pero algunos grupos, aunque no lo admitan en público, sí guardan prejuicios raciales”, argumentó. A Obama lo han tachado de “socialista”, “elitista” e incluso “extranjero”, en un contexto social en el que persisten las percepciones negativas contra los afroamericanos, según Stephen Maynard Caliendo, profesor de la universidad North Central.

    “No sorprende, entonces, que algunos padres consideraran peligroso que este extraño hablase con sus hijos el martes, y no sorprende que al menos un miembro del Congreso creyese adecuado gritarle un insulto durante un discurso”, observó. Exabruptos como el de Wilson son impensables, por ejemplo, en un discurso de la reina de Inglaterra, pero son habituales en la Cámara de los Comunes. Sin embargo, hay límites en lo que se puede decir: acusar al primer ministro de “mentiroso”, aparte de ser un insulto, supondría que comete el delito de mentir al Parlamento.

    Contrito por su “falta de cortesía” y por romper el protocolo, Wilson se disculpó con Obama, pero ha dejado claro que no varía su posición. El gobernante no mintió, porque la ley de reforma sanitaria en ciernes prohíbe explícitamente la cobertura para los inmigrantes indocumentados. El grito, según sus asesores, le ha permitido a Wilson recaudar más de 200.000 dólares desde el miércoles, pero la suma se queda corta frente a los 750.000 que ha reunido en el mismo período su rival demócrata Rob Miller de cara a los comicios del 2010.

    En su página de internet, el Comité de Campañas Demócratas del Congreso (DCCC, en inglés) utiliza ese incidente como herramienta para recabar contribuciones, con la meta de juntar 100.000 dólares en tres días. “Llamar al presidente mentiroso frente a la Nación es un golpe bajo, incluso viniendo de los republicanos, y merece la respuesta más enérgica que podamos dar”, afirmó el director ejecutivo de DCCC, Jon Vogel.

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