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14 de octubre de 2009
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FAO

Advierten que la crisis tiene efectos devastadores sobre el hambre en el mundo

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el número de personas que padecen hambre aumentó este año como consecuencia de la crisis a 1.020 millones, el nivel más alto registrado desde 1970.

La crisis económica mundial tiene efectos "devastadores" sobre el hambre en el mundo, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en su informe anual sobre la inseguridad alimentaria en el mundo, presentado hoy en Roma.

Según la FAO, el número de personas que padecen hambre aumentó este año como consecuencia de la crisis a 1.020 millones, el nivel más alto registrado desde 1970. De esta manera, actualmente una de cada seis personas padece hambre y desnutrición, o sea, 100 millones de personas más que en 2008.

El director general de la FAO, Jacques Diouf, afirmó que la crisis tiene consecuencias "catastróficas" para el hambre en el mundo, por lo que exhortó a los gobiernos de los países industrializados a incrementar sus esfuerzos en la lucha contra el hambre.

"Lo que falta es la voluntad política para erradicar para siempre el hambre", criticó Diouf, al recordar, una vez más, que existen las condiciones técnicas y económicas para erradicar totalmente el hambre.

De la misma manera que las naciones poderosas reaccionaron "de forma rápida, colectiva y enérgica" a la crisis económica mundial, ahora "se necesita el mismo compromiso fuerte para combatir el hambre", subrayó el máximo dirigente de la FAO.

La mayoría de las personas que padecen hambre y desnutrición viven en los países en vías de desarrollo, y entre éstas la mayor parte (642 millones) en la región Asia-Pacífico. Le sigue el África subsahariana, con 265 millones, América Latina y el Caribe (53 millones) y Cercano Oriente y el norte de África (42 millones).

En los países industrializados, el hambre afecta a 15 millones de peronas, según el informe de la FAO. El informe destaca que la crisis actual "no tiene precedentes históricos", porque conjuga varios factores. En primer lugar, la recesión económica se solapa con la crisis alimentaria, que entre 2006 y 2008 disparó el precio de los alimentos.

Aunque los precios ya comenzaron a bajar, siguen siendo muy volátiles. En segundo lugar, la crisis económica afectó a grandes partes del mundo de forma simultánea, a diferencia de lo que había estado ocurriendo hasta ahora, cuando las crisis se circunscribían a una región concreta.

Esto hizo menos efectivas herramientas tradicionales como la solicitud de préstamos, la devaluación de la moneda o la mayor asistencia pública.

En tercer lugar, el hecho de que los países en desarrollo estén ahora más integrados financiera y comercialmente que hace 20 años, los dejó más expuestos a las perturbaciones de los mercados internacionales. Muchos países vieron caer su comercio, sus flujos financieros, sus ganancias por exportaciones y la inversión extranjera, así como la ayuda al desarrollo y las remesas.

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