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16 de noviembre de 2011
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Aconcagua

Buenos días, a pesar de todo

    Buenos días, a pesar de todo. Desde que llegué a Mendoza estuve ligado al Aconcagua. A los quince días lo subí reculando y en chancleta. No, en serio, desde el vamos me interesó ese gigante de piedra, con tanta historia y leyenda encima. Algunos afirman que la palabra Aconcagua quiere decir "Centinela de piedra", poéticamente vendría bien, pero hay otros que dicen que significa "La montaña que está del otro lado".

    Según Isidro Maza, a quien creo a pie juntillas, Aconcagua significaría "Otro de los cerros venerados y temidos". Cosa que me cierra si tenemos en cuenta que, para la civilización quichua, que nos visitó durante muchos años, era un cerro temido y también venerado, a juzgar por la ofrenda humana descubierta en el cerro Pirámide, un ladero del Aconcagua a 5.300 metros de altura. Todos sabemos que es un pico importante, lo que llena de alegría a las chilenas que pasan por la zona.

    El Techo de América, se le dice, para aseverar que es el lugar más alto del continente. No hay nada más alto que él, salvo la inflación. El Aconcagua es visitado anualmente por cinco mil andinistas. Con una estadía promedio de cinco días por persona, a razón de un kilo de popó diario, hacen 25 toneladas de caca por temporada, debe ser el cerro más caqueado de América. Pues es nuestra carta de presentación y de propaganda.

    Cuando uno está en Singapur, por ejemplo, comprando bifes de serpiente de cascabel a caballo en la feria de Tai Hue Von, y el vendedor le pregunta en un inglés chapucero: ¿Where are you from? Uno contesta en un castellano chapucero. Auer somos de Argentain, Mendoza. El vago, seguramente dirá: Ou, yes, Mendoza, Aconcagua. El Aconcagua es nuestro Maradona. Deberíamos cuidarlo entonces porque muchos de los que llegan a visitarnos, turistas que les dicen, vienen atraídos por ese cerro.

    Y resulta que Oikos, que es una organización que me consta responsable, ha denunciado que en esta temporada no se va a contar con la infraestructura necesaria: el helicóptero, el personal suficiente y preparado, la apoyatura logística. Loco, esto es lo mismo que si los franceses no le pasaran el plumero a la torre Eiffel; si los egipcios dejaran que la tormenta de arena sepultara a las pirámides; si el Big Ben de los ingleses atrasara una hora y media; si los de Viña del Mar tiraran las cloacas cerca de la playa, bueno, eso pasa.

    No podemos descuidar lo que nos da renombre en el mundo. La atención en el Aconcagua debería ser más que perfecta, de tal forma que los que nos visitan se vayan diciendo: ¡Qué cerro impresionante, pero más impresionante es la atención que te brindan los mendocinos! Porque si no lo hacemos, vamos a tener una acepción más de la palabra Aconcagua: otro de los cerros, venerados, temidos y descuidados. Es una pena que, para hacer cumbre, haya que subir protestando. Una pena. 

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