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13 de julio de 2018
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Abusos: análisis de una película de Olmedo y Porcel que se viralizó

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La violencia de género que sufrieron Susana Giménez y Moria Casán queda expuesta en un análisis hecho por una joven cineasta.

Un fragmento de la tesis de Lucila Mariani, una estudiante y directora de cine, se volvió viral en las redes sociales en los últimos días.

Se trata de la investigación que realizó la joven en torno a la “Cultura de Violación en Argentina”, que se basó en películas protagonizadas por Alberto Olmedo y Jorge Porcel en la década del 80. Su publicación en Facebook provocó una alta adhesión de los usuarios, que ya la compartieron más de 20.000 veces.

Mariani eligió una escena de la película “A los cirujanos se les va la mano”, de Hugo Sofovich, para demostrar que los populares comediantes hacían humor mediante situaciones de abuso sexual. 

A continuación, el análisis.

Va más o menos así: Olmedo y Porcel secuestran a Moria y a Susana, las nuevas cirujanas de un hospital en el que ellos son camilleros, aunque se hacen pasar por cirujanos.

Llegan a un telo, Porcel se lleva a Moria, Olmedo a Susana. Les dicen que ahí hay unos enfermos que tienen que cuidar. Entran a la habitación, Susana se sorpende al ver que es una habitación vacía. El diálogo sigue así:

– Este cuarto está vacío, acá pasa algo raro. Voy yo sola.

– Bueno, desconfiada, vaya.

Olmedo mira a Susana de arriba a abajo, como si fuera un pedazo de carne. Se muerde el labio. Susana entra a la habitación, al darse vuelta, lo ve a Olmedo semi-desnudo y grita.

– No grités, vení, dame un besito.

Olmedo se para y empieza el forcejeo.

– No me toque o grito.

– Ay, qué miedo, ¿vas a gritar? Pero si acá gritan todas.

Él la desnuda y ella grita, que no quiere, que basta, que qué hace. Aparecen Moria y Porcel, para escaparse, las dos fingen estar interesadas en ellos. Las tratan de fáciles, de tímidas, de tontas, las tocan, las miran, las desvisten. Después de todo eso, escapan.

La película termina con la culminación del abuso sexual, Porcel y Olmedo drogan a las dos cirujanas, en contra de su voluntad. “Divertite”, le dice Olmedo a Porcel, “después te cuento”, le responde él. Los dos desaparecen, cada uno de un lado del encuadre, cada uno con una mujer en sus brazos, cargándolas como si fueran sus presas.

Y con el tiempo, perdura la nostalgia del recuerdo: el respeto por estos “humoristas”, el banquito de Olmedo y Portales en Avenida Corrientes, el rosarino humilde, el padre de familia, el comediante, el gordo simpático pero malhumorado, la pobre víctima que tuvo la mala fortuna de caerse de un balcón. Otro(s) hijo(s) sano(s) del patriarcado que se siguen recordando como ídolos populares.

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