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2 de noviembre de 2009
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LA GESTIÓN TRAS EL SUEÑO DE CAMBIO

A un año del histórico triunfo de Barack Obama

WASHINGTON (EFE). A punto de cumplirse el primer aniversario de su triunfo en los comicios de EEUU, el entusiasmo suscitado por el primer presidente negro del país, Barack Obama, ha dejado paso a la realidad de gobernar.

    A punto de cumplirse el primer aniversario de su triunfo en los comicios de EEUU, el entusiasmo suscitado por el primer presidente negro del país, Barack Obama, ha dejado paso a la realidad de gobernar. Parte de este realismo incluye la conmemoración misma del aniversario: la Casa Blanca no tiene prevista ninguna celebración especial y Obama marcará su histórica victoria con una visita a Wisconsin, uno de los estados que ganó en esas elecciones, para dar un discurso sobre educación. Muchas lágrimas corrieron la noche del 4 de noviembre del 2008, cuando Obama, acompañado de su esposa, Michelle, y las hijas Malia y Sasha, subió a la tribuna en el Grand Park de Chicago y saludó a unas 200 mil personas que lo ovacionaron.
    En parte, la ausencia de festejos se debe a que el presidente debe anunciar en cualquier momento los resultados de su replanteamiento de la estrategia para Afganistán y si envía más refuerzos a una guerra cada vez más complicada. También al desgaste que ha sufrido su popularidad a lo largo de sus primeros meses de mandato. Las encuestas indican que en la actualidad su aceptación se encuentra en torno al 55 por ciento, una cifra más que aceptable pero muy alejada del 70 por ciento que superó tras su investidura en enero.
    Y es que luego de la ilusión generada por un candidato que rompía los moldes raciales y con una retórica inspiradora ha llegado la realidad de una economía en crisis, dos guerras abiertas y problemas en el Congreso para aprobar las medidas que defiende el Gobierno. Obama llegó a la Casa Blanca con una gran energía y tan sólo en los primeros días anunció el cierre de la prisión de Guantánamo, un ingente plan de estímulo económico y su compromiso para llegar a la paz en Oriente Medio. Hasta el momento, hacer realidad esas promesas se ha demostrado más complicado de lo que imaginó este presidente, que ha encanecido notablemente desde su llegada a la Casa Blanca.
     El cierre de Guantánamo para enero del 2010, como había ordenado, parece prácticamente imposible. Su Administración aún no ha determinado qué hacer con la mayoría de los presos. Pese a su intervención personal en una reunión trilateral en Nueva York en setiembre con el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, y el presidente palestino, Mahmud Abás, la reapertura de negociaciones en Oriente Medio parece tan distante como antes. La guerra en Afganistán se ha recrudecido, pese a que ya anunció una nueva estrategia en marzo.
    En Irak, Obama anunció la salida de las tropas de combate para agosto del 2010, y del resto para finales del 2011, pero lo que parecía una estabilización gradual se ha visto sobresaltada por los atentados de los últimos días. Su gran éxito internacional hasta el momento ha sido la negociación de un tratado de reducción de armas nucleares con Rusia, que Washington espera poder concluir para diciembre. Obama quiere hacer de este tratado uno de los ejemplos de su propuesta para un mundo sin armas nucleares, una de las razones por las que se le concedió el premio Nobel de la Paz. Como en el terreno internacional, en el doméstico, el presidente estadounidense también ha debido rebajar sus expectativas. La crisis económica perdura, pese a las medidas adoptadas por su Gobierno, en especial el plan de estímulo económico aprobado en febrero y dotado con 787.000 millones de dólares.
    El desempleo ronda el 10 por ciento y la Casa Blanca admite que aún pasarán varios trimestres hasta que se recupere. No obstante, la economía comienza a dar señales de recuperación y el Producto Interior Bruto (PIB) creció 3,5 por ciento en el último trimestre, el mayor aumento en dos años. Tarda en arrancar aún la gran apuesta legislativa del presidente, la reforma sanitaria, quizá el asunto que más ha pesado en la caída de su popularidad. Tras meses de debates, aún está por decidir si el sistema que finalmente se apruebe incluirá una opción pública que compita con las aseguradoras privadas.

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