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25 de noviembre de 2009
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CRIMEN IMPUNE

A tres años del asesinato de Nora Dalmasso, la Justicia aún no encontró al culpable.

La muerte de la bella mujer de clase alta en un country de Río Cuarto sigue irresuelta. Se trató de un caso que conmovió al país, sobre todo por la posición económica de los personajes y los aspectos sexuales del hecho, que exacerbaron el morbo de algunos medios y de la sociedad.

    A Nora Dalmasso la mató su marido Marcelo, porque ella le pedía el divorcio y él, demasiado comprometido económicamente, testaferro de poderosos, no podía dividir en dos los bienes que no eran suyos. La mandó matar con un sicario. O lo hizo con sus propias manos, por eso la escena del crimen y el cuerpo están plagados de su ADN. La coartada del viaje a Punta del Este no sería real porque no está claro en los registros aduaneros de cuándo Macarrón entró y salió del país.

    Existe un intervalo de algunas horas en que no se sabe qué hizo ni con quién estuvo. En ese tiempo podría haber ido y regresado desde Punta a Río Cuarto en una avioneta sin que nadie se enterara. A Nora Dalmasso la asesinó su hijo gay, con quien mantenía relaciones incestuosas. El joven no habría podido resistir más las presiones y la humillación a la que lo sometía su madre por su condición de homosexual y por eso, premeditadamente, la mató. Con la frialdad que revela su mirada color celeste, viajó desde Córdoba capital hacia Río Cuarto; posiblemente en el auto de un amigo, recorrió los 200 kilómetros disfrazado para no ser reconocido por las cámaras de los peajes.

    Llegó a la casa de la calle 5 de la Villa Golf, la sorprendió, abusó de ella y lo último que vieron los aterrados ojos de Nora fueron las manos de su hijo, aprisionando su cuello hasta asfixiarla. A Nora Dalmasso la mató Gastón Zárate, un pintor de brocha gorda, con cara de bobo y lengua de estúpido. Fanfarroneó ante sus amigos con que la había asesinado sólo porque es un perverso que no pudo evitar abrir la boca y contar su hazaña. Tenía antecedentes de violento, pese a ese rostro de pajarito indefenso. Le robó un celular, la violó y, sin saber qué hacer, la estranguló sin dejar huellas.

    El fiscal mandó a apresarlo pero la presión popular consiguió que lo dejaran en libertad. Lo apodaron “el perejil”, la gente sintió que la Justicia exoneraba a los ricos y poderosos y se metía con “un negrito” para cerrar el caso y olvidarse de la pesadilla mediática. Hoy se cumplen tres años del crimen de Nora Dalmasso. La causa judicial, de 25 cuerpos, tiene dos imputados y ningún culpable. El fiscal primero acusó a Zárate, el pintor de pocas luces que se contradijo varias veces en su declaración indagatoria.

    El testigo que habría incriminado al pintor, Carlitos Curiotti, un joven con deficiencias mentales, había rectificado su declaración, al tiempo que su familia denunciaba penalmente a la Policía de haberlo coaccionado e instigado a producir un falso testimonio. Posteriormente, con el ADN de un Macarrón en la escena del crimen, el fiscal imputó a Facundo, el hijo de Nora. El joven nunca pudo explicar qué hizo la noche del asesinato de su madre. El caso está paralizado y el fiscal Javier Di Santo sólo espera que el FBI le dé las respuestas a las decenas de incógnitas que él no pudo develar con su torpe y deficitaria investigación.

    Los años pasaron y el asesino de Nora sigue suelto. Los principales involucrados quedaron marcados para siempre por esa muerte y siguieron sus vidas. Sólo la familia de sangre de la víctima, los Dalmasso, siempre se mostró dolida por el violento asesinato y aún sigue muy afectada por lo sucedido. Da la sensación de que son los únicos que quieren saber quién mató a Nora. Su talón de Aquiles: contrataron como abogado a Diego Estevez, un ex conjuez para que los represente. Es el mismo que cerró la causa de las explosiones en Río Tercero, absolviendo a todos los acusados, en un fallo que se basó en datos que sacó de una página de internet llamada El rincón del vago.

    EL MATRIMONIO EJEMPLAR.
Tras el crimen de Nora, Marcelo Macarrón ofreció una recordada conferencia de prensa en la que “perdonó” a su esposa. ¿Por qué tenía que “perdonarla” se preguntaban los periodistas, si ella había sido asesinada? En ese mismo encuentro con la prensa dijo que amaba a su mujer, la cual había sido “una excelente esposa y una excelente jardinera”. Sin embargo, consta en el expediente que Macarrón admitió ante el fiscal que engañaba desde hacía tiempo a Nora con una empleada de tribunales.

    Es más, como quedó registrado fotográficamente en una revista, la siguió visitando tras el crimen. De Nora se llegó a decir que tuvo 18 amantes. Exageraciones de una prensa –la porteña– ávida de morbo y sensacionalismo. Pero sí quedó corroborado que Dalmasso tenía un amante, amigo de la familia, el contador Guillermo Albarracín. Ante las cámaras de televisión del canal local, una tía de Facundo dijo una verdad y una mentira. Contó que el joven estudiante era homosexual y que Nora lo aceptaba.

    Esto último no era cierto. También quedó escrito en el voluminoso expediente. Cuando se comenzaban a acumular fojas en la causa, una de las amigas de Nora reveló que la occisa quería divorciarse de su marido pero que este no estaba de acuerdo, aparentemente por razones económicas. La declaración ocupa una carilla y media. El interrogador no le preguntó nada acerca de esa importante afirmación.

    LOS PROTAGONISTAS. El viudo, Marcelo Macarrón, quien festejó su cumpleaños el viernes de la semana pasada, continúa viviendo en su casa de la calle 5 de la Villa Golf y trabajando como traumatólogo. Marcelo se muestra impecable, como siempre, por las calles del centro. Está de novio desde hace tiempo con María Pía Cardoso, abogada y ex funcionaria de la Municipalidad de Río Cuarto, quien fue echada de su cargo, estuvo tres meses presa y sigue investigada por asociación ilícita fiscal (presuntamente utilizaban a indigentes para evadir impuestos).

    Días atrás fue absuelta en un juicio por lesiones, a raíz de un escandaloso incidente en un banco. Últimamente, Macarrón se ha acercado al Palacio de Tribunales, no para pedir por la resolución del crimen de su esposa, sino para participar de una audiencia de mediación con una periodista a quien querelló por haber dicho que a un año de la muerte de Nora, nadie de su familia la lloraba y que su hija Valentina estaba más preocupada por el vestido de egresada que por la muerte de su madre.

    El médico ha entablado otras que rellas contra periodistas riocuartenses y contra el canal América, que difundió las fotos de su esposa ya muerta. Facundo Macarrón (hijo de Nora, aún imputado por abuso y muerte de su madre) y su hermana viven en el mismo departamento en la ciudad de Córdoba. El joven se recibirá de abogado el año que viene. Quienes suelen verlo aún se sorprenden por lo poco que afectó su vida cotidiana –al menos públicamente– no sólo la muerte violenta de su progenitora, sino la posterior imputación de matricidio.

    Valentina, la hija menor, que al momento del asesinato estaba en Estados Unidos por un programa de intercambio estudiantil, actualmente cursa la carrera de Nutrición y estudia para ser chef. Pese a que había obtenido importantes títulos a nivel nacional, abandonó el golf. A raíz de esos triunfos, la jovencita, suponemos que con la anuencia de su padre, dio entrevistas periodísticas y posó para los fotógrafos con sus trofeos. De su madre asesinada y su hermano acusado por el homicidio, ni una palabra.

    Gastón Zárate (bautizado popularmente como “el perejil”) es el otro imputado en la causa. Zárate ya es padre de dos hijos. Meses atrás fue denunciado por su suegra y, por ello, tiene una causa judicial por “violencia familiar” contra su mujer. El fiscal del caso Dalmasso, nunca lo sobreseyó de los cargos. La sangre de Zárate es una de las tantas muestras remitidas al laboratorio que el FBI tiene en la Universidad de Florida, EEUU.

    EL ABOGADO ESTRELLA. Enrique Zabala, defensor de Zárate, se hizo muy popular con esta causa judicial y le llueve el trabajo desde entonces. Actualmente patrocina a tres supuestos nietos riocuartenses del hacendado Juan Manubens Calvet, quien dejó una millonaria herencia y ningún descendiente.

    LOS PADRES DE NORA. Francisco y Nené, nunca superaron la muerte de su hija. El papá está delicado de salud, se traslada en silla de ruedas, tiene 90 años y dice: “No me muero porque quiero saber quién mató a mi hija”. Así lo transmitió su esposa a una radio cordobesa. También afirmó que cree que el homicidio “no se esclarecerá si no se quiebran quienes lo hicieron”. La mujer, que tiempo atrás dijo intuir que fue un crimen por encargo, esta vez habló en plural al referirse a la autoría del crimen.

    EL ABOGADO MONOCORDE. Marcelo Brito, ex fiscal de Estado cuando José Manuel de la Sota era gobernador, continúa siendo el defensor de Facundo y sometiendo a largas exposiciones discursivas a los ocasionales periodistas que se lo cruzan en algún pasillo de tribunales. Interpuso innumerables presentaciones ante la Justicia para que fuera desechada la hipótesis de que el asesino era Facundo. También desacreditó los resultados de las pericias genéticas y afirma, siempre que puede, que los resultados de la investigación del FBI no arrojarán luz sobre quién fue el ejecutor del crimen.

    TRIUNVIRATO. De los tres fiscales que fueron designados al caso, sólo quedó Javier Di Santo como investigador. Fernando Moine sigue como fiscal en Río Cuarto y Marcelo Hidalgo regresó a la Capital cordobesa. En algún cajón de la Legislatura (unicameral) de Córdoba quedó archivado un pedido de Jury contra el fiscal primario de la causa.

    LOS RENUNCIANTES. El caso se politizó en las primeras semanas. José Manuel De la Sota hizo declaraciones poco felices e inoportunas cuando afirmó: “Yo no le creo a este fiscal” (por Di Santo). Como recibió una andanada de críticas, se llamó a silencio. Pero varios funcionarios del gobierno delasotista debieron renunciar a sus cargos. El primero fue el joven y apuesto abogado Rafael Magnasco. A las pocas horas de haberse encontrado el cuerpo sin vida de Nora, la Policía hizo circular la versión de que el sospechoso era Magnasco, supuesto amante de Nora.

    Ante la presión asfixiante a que lo sometieron, se presentó espontáneamente ante el fiscal y negó todo. El ex asesor de la Secretaría de Seguridad del Gobierno provincial se ofreció para que le hicieran un ADN y una rinoscopia. Su imputación terminó declarada nula. Inició juicio por 1,4 millones de pesos al Estado provincial y hoy es síndico en un ente de la Municipalidad de Río Cuarto. Alberto Bertea, quien compartía el estudio de abogados con Magnasco, tuvo que renunciar a la Secretaría de Seguridad de la Provincia ante la inminente posibilidad de que la Justicia lo convocara como testigo para dar explicaciones sobre lo que había hecho la noche del crimen.

    Volvió a la política tiempo después y, ya con Juan Schiaretti como gobernador, fue designado presidente de la Corporación Costas del Río Cuarto. Tiene una casa en el mismo country en el que viven José Manuel de la Sota y Adriana Nazario. Gustavo Vidal Lascano debió renunciar como Fiscal General de la Provincia a raíz del caso Dalmasso. Volvió a su antiguo cargo de fiscal federal Nº2. Hace poco en una entrevista mantuvo su sospecha de que el asesino de Nora pudo haber sido el pintor, tal como lo introdujo en la investigación el entonces jefe de Homicidios de la Policía de Córdoba, Gustavo Rafael Sosa, con sospechas de aprietes a testigos incluidas.

    Rafael Sosa fue freezado en la fuerza cuando el conserje del hotel céntrico donde se alojaba contó en una cámara oculta que su estadía era pagada por Daniel Lacase, el entonces vocero de Macarrón. Luego estuvo en la Escuela de Policía hasta que la Justicia concluyó que no había pruebas de la “admisión de dádivas”. Hoy es jefe de Drogas Peligrosas de la Policía de Córdoba, en la capital provincial.

    EL VOCERO. Daniel Lacase sigue viviendo en la Villa Golf, aunque desde que fue “escrachado” por la manifestación denominada “el perejilazo” bajó abruptamente su alto perfil público y mediático. Trabaja como abogado laboralista. Es considerado como uno de los hombres con más poder en los tribunales locales. Volvió con su mujer, de la que se había separado cuando se enteró por el expediente que ella mantenía relaciones con su personal trainer.

   EL AMANTE.Guillermo Albarracín, fue el “amante confeso” de Nora Dalmasso, quien, tras ser presionado en la central de policía, no sólo admitió que se encontraba con la víctima sino que, con muy poca caballerosidad, se quebró y contó detalles íntimos de la relación. Estaba en Punta del Este con el viudo cuando mataron a Nora. Macarrón lo había acusado de no manejar “códigos de amistad”, sin embargo fue visto charlando con el viudo, hace una semana, en una estación de servicio próxima a la Villa Golf. Cuando estalló el escándalo, el contador Albarracín estuvo viviendo un tiempo en Río Tercero con un hermano pero tiempo después su esposa lo perdonó y volvieron a vivir juntos en el Golf.

   ESPECIALISTAS. El psiquiatra y forense Mario Vignolo, quien siempre descartó la participación de un obrero en el crimen (y por opinar fue denunciado ante el Tribunal de Ética del Poder Judicial), fue reelecto en la Asociación de Medicina Forense de la República Argentina.

    EL CURA. El sacerdote Jorge Felizzia, quien llegó a la casa la noche del crimen y fue quien tapó a Nora con una sábana, era muy allegado al poder fáctico y económico de la ciudad, pero, con la asunción del nuevo obispo, dejó de ser secretario canciller del Obispado; actualmente es párroco de una iglesia del humilde barrio Alberdi.

    EL FRANCÉS.
De Miguel Rohrer, amigo de Macarrón y Lacase, carismático organizador de fiestas pantagruélicas, se decía que era amante de Nora. Él lo desmintió y el fiscal nunca le pudo probar nada. Rohrer fue investigado por el fiscal y declaró como testigo. Se dice que no viviría más en Río Cuarto. Vendió su casa en el country San Esteban. El Francés era representante de la multinacional Del Monte, firma dedicada a la exportación de granos, mencionada en el expediente donde se investiga la utilización de indigentes para realizar maniobras de evasión tributaria.

    En esa causa está implicada la actual novia de Macarrón. Rohrer habría dejado su empresa a Ricardo Araujo, quien era su mano derecha y el que se encargó de hacerle llegar al fiscal, a través de Lacase, información detallada para acreditar que Rohrer estaba en Buenos Aires en el momento del crimen.

    EPÍLOGO. El homicidio de Nora Raquel Dalmasso de Macarrón marcó un antes y un después en la historia de la Justicia cordobesa. Nunca antes un hecho de esta naturaleza movilizó a tantos medios locales y nacionales. El hecho se mediatizó casi desde el mismo momento en que se descubrió el cadáver. Pero después de tanta palabra escrita, verbalizada, teatralizada, nada se sabe de quién la violó y la estranguló la madrugada del 25 de noviembre del 2006.

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