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21 de septiembre de 2006
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A treinta años del atentado a Orlando Letelier

A nadie le caben dudas que el actual proceso de concertación entre el peronismo del presidente Kirchner y el sector del radicalismo liderado por el gobernador Cobos constituye un fenómeno de construcción de poder político. Pero es oportuno que nos aventuremos a preguntarnos si este proceso puede ser más que eso, si puede ser también la semilla de un cambio estructural del sistema de partidos argentino.Juan Pablo Letelier explica que el asesinato de su padre, embajador de Chile en EEUU durante el gobierno de Allende, fue el primer atentado de terrorismo de ese país.

   aHoy, un mundo convulso nos ha permitido comprobar que el terrorismo internacional, lamentablemente, no es un hecho aislado. Hace treinta años, el asesinato del político chileno Orlando Letelier se convirtió en “el primer acto de terrorismo internacional que se cometió en Estados Unidos”, así lo ha comentado su hijo, recordando, tres décadas después, la muerte de su padre. El embajador de Chile en EEUU y ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa durante la presidencia del socialista Salvador Allende (1970-73), Orlando Letelier, fue asesinado en Washington en 1976. Su coche explotó a pocas manzanas de la Casa Blanca.

    En el suceso, también murió una colaboradora suya. Su asesinato acabó con la posibilidad de que organizara la oposición en el exilio a la dictadura del general Pinochet, quién derrocó, tras el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973, al régimen democrático de Allende. La dictadura de Pinochet temía que Letelier consiguiera aglutinar a las distintas fuerzas de la oposición que salieron de Chile tras el asesinato del presidente Allende y el ascenso al poder del régimen militar de Pinochet en 1973.

   El senador socialista Juan Pablo Letelier tenía quince años cuando asesinaron a su padre, un suceso que recuerda con “profunda tristeza”, pero también “con el corazón en paz”, aunque lamenta que Augusto Pinochet goce aún de privilegios. Asegura que no alimenta odios ni deseos de venganza, “porque los que luchamos contra la cultura de la muerte somos moralmente superiores a los que la practicaron. Uno tiene su corazón en paz, porque, por lo menos, respecto a mi familia hubo proceso de administración de justicia. Estamos en una situación privilegiada”, indicó y recordó la situación de los familiares de los más de mil detenidos-desaparecidos que dejó la dictadura.

    Sin embargo, admitió su frustración porque Augusto Pinochet siga sin ser sentenciado en los numerosos procesos abiertos en su contra por violaciones de los derechos humanos y corrupción. “Espero que los tribunales de Justicia chilenos tengan las agallas de garantizar la igualdad ante la ley”, dijo Letelier, quien descartó que el dictador, de 90 años, esté loco, argumento que le ha permitido eludir varios procesos en su contra. “Ese no es el punto, pero sí que la justicia se administre, que haya sanción, que la historia se escriba como corresponde y que un tribunal diga que Augusto Pinochet Ugarte es un criminal”, subrayó.

    La Corte del distrito de Columbia de la capital de EEUU y una Comisión de la verdad, creada por el primer gobierno democrático chileno, determinó que los entonces jefes de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), el general Manuel Contreras y el brigadier Pedro Espinoza, dieron la orden de ejecutar a Letelier. En el juicio, Pinochet no fue procesado, aunque Espinoza afirmó años después que fue él quien ordenó el homicidio, perpetrado por un comando dirigido por el agente estadounidense de la Dirección de Inteligencia Nacional Michael Townley, y que se inscribe dentro de la Operación Cóndor, la coordinación de las dictaduras del Cono Sur para exterminar a opositores. Según Juan Pablo Letelier, el proceso por el caso de su padre en Chile produjo una inflexión en materia de justicia.

    “Desde ese entonces a la fecha, no cabe duda de que Chile es el país que más ha avanzado en materia de derechos humanos en el Cono Sur, pues se ha sancionado a muchos de los responsables y se ha conocido lo que pasó", afirmó. Orlando Letelier estudió Derecho y Economía en la Universidad de Chile, donde se acercó al socialismo. En 1959, ingresó como funcionario en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Washington.

    Cuando el líder socialista Salvador Allende asumió la presidencia de la República de Chile el 4 de noviembre de 1970, nombró a Letelier embajador en Estados Unidos. Al poco tiempo, se le asignó la cartera de Relaciones Exteriores y, días antes del golpe militar de Pinochet en setiembre de 1973, se lo designó ministro de Defensa.

    El 11 de setiembre de 1973, día del golpe militar que acabó con el gobierno constitucional y con la vida del presidente Allende, Letelier fue detenido en el Palacio presidencial de La Moneda, donde permanecía al lado de Allende, y fue recluido en la Academia de Guerra. La intervención de su amigo y padrino de uno de sus hijos, el venezolano Diego Arria –gobernador de Caracas–, junto con la presión del secretario de Estado norteamericano Henry Kinssinger permitió su liberación el 9 de setiembre de 1974.

    En Washington, Letelier desarrolló una campaña para que el Congreso suspendiera su ayuda económica y militar a Chile, alegando las violaciones de los derechos humanos del régimen de Pinochet. Por esta causa, el gobierno militar había anunciado su intención de retirarle la nacionalidad chilena, hecho que se produjo el 7 de junio de 1976, cuando se encontraba en Amsterdam (Holanda) para presidir una reunión de, prácticamente, todo el exilio chileno.

    Esta no le volvió a ser restituida hasta 14 años después, gracias a un decreto del gobierno democrático del presidente Patricio Aylwin. El proceso para esclarecer el asesinato de Letelier comenzó en 1978 en EEUU. En ese año, la Corte del distrito de Columbia condenó a 40 meses de cárcel al estadounidense y ex agente de la Dina Townley, quien previamente había sido expulsado de Chile.

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