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23 de septiembre de 2006
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A cinco años de la tregua del IRA

Al cumplirse un lustro del comienzo del desarme y desmantelamiento del IRA, la que fuera la organización paramilitar más temida y eficaz de Europa, está cada día más cerca de convertirse en una mera reliquia del conflicto en Irlanda del Norte

    Al cumplirse un lustro del comienzo del desarme y desmantelamiento del IRA, la que fuera la organización paramilitar más temida y eficaz de Europa, está cada día más cerca de convertirse en una mera reliquia del conflicto en Irlanda del Norte. Según los análisis de las fuerzas de seguridad del Ulster y los organismos de seguimiento del proceso de paz, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) no tiene ya la intención ni la capacidad militar para reanudar la campaña armada que abandonó en 1997, con el anuncio de una tregua indefinida.

    Los departamentos encargados de adquirir armas, preparar bombas, entrenar nuevos reclutas y espiar a miembros de las fuerzas de seguridad, es decir, los órganos vitales de la banda, han sido prácticamente desmantelados. El camino hacia el desarme ha sido, sin embargo, largo y difícil. Tuvieron que pasar, por ejemplo, cuatro años desde la firma del acuerdo del Viernes Santo (1998) hasta que el grupo republicano indicase que había empezado a inutilizar el considerable arsenal que tenía oculto a ambos lados de la frontera irlandesa.

    En un comunicado, el IRA anunció el 23 de octubre del 2001 que, aunque continuaba "comprometido con sus objetivos republicanos y con el establecimiento de una Irlanda unida, este gesto sin precedentes pretende salvar el proceso de paz y convencer a los demás de la autenticidad de nuestras intenciones". Cinco años después, los mismos que prometían no entregar "ni una bala" hasta que el Reino Unido abandonase el Ulster, han completado su desarme y progresan para convertirse en una organización democrática.

    Gran parte del mérito de esta transformación recae sobre el liderazgo de su brazo político, el Sinn Fein, con gente a la cabeza como Gerry Adams y Martin McGuinness, supuestos miembros hasta hace poco del Consejo Armado del IRA, su órgano máximo de decisión y, según los republicanos, el Gobierno legítimo de Irlanda. Con convicciones tan firmes y radicales como esa, el viaje del "movimiento de liberación irlandés" hacia la paz cobra aún más mérito, porque, de hecho, ninguno de sus objetivos históricos ha sido alcanzado.

    Lo que ha cambiado son los métodos. Adams y McGuinness reconocieron, a principios de los años ochenta, que la lucha armada por sí sola no iba a expulsar a los británicos de la provincia y, por ese motivo, decidieron aprovechar las oportunidades propagandísticas que ofrecía el Sinn Fein. Años después, se convencieron de que el IRA era en realidad un estorbo y la pacificación del Ulster sólo llegaría a través de la política, a través del Sinn Fein.

    En ese contexto hay que situar el comienzo del desarme de la organización paramilitar en el 2001, durante el declive de la banda y el auge del Sinn Fein entre el electorado del sur y del norte de la isla. Por aquel entonces, el IRA era, además, un grupo considerablemente diezmado por las acciones de las fuerzas de seguridad y, según numerosos observadores, por las de varios espías muy próximos a la cúpula del movimiento republicano.

    Prueba de los beneficios del desmantelamiento del IRA es la posición del Sinn Fein en los Parlamentos de Belfast, Dublín y Londres, donde hace oír su voz sobre los asuntos del Ulster. A lo más que puede aspirar ahora el IRA es a convertirse en una especie de asociación de veteranos en un foro donde sus miembros puedan rememorar hazañas bélicas pasadas. En el camino, sin embargo, ha quedado un pequeño número de irreductibles, los disidentes opuestos al proceso de paz, agrupados en torno a dos escisiones, el IRA de Continuidad y el Auténtico.

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