El hecho ocurrió en un hospital de Rumania. La escena causó gran emoción entre los testigos del lugar que observaron cómo la perrita estuvo esperando que el hombre saliera por la misma puerta que había ingresado. 

El can, de nombre Pappy no llevaba chapita ni correa, sólo el reloj de él como collar. Enfermeros y médicos que la vieron, comentaron que no se movió del lugar hasta que le permitieron la entrada para reencontrarse con su dueño, según publicó Clarín.