Según datos del INDEC, más del 15% de la población argentina tiene 60 años o más y se espera que este grupo supere el 20% hacia el año 2040. Se da un aumento de la expectativa de vida, pero surge asimismo el desafío de la “expectativa de salud”, ya que un tramo importante de los últimos años suele transcurrir con enfermedades crónicas o necesidad de asistencia.
En este sentido, la manera de pensar la vejez también se está transformando: vivir más años ya no se plantea únicamente como una cuestión de longevidad, sino como la posibilidad de atravesar esa etapa con autonomía, movimiento y calidad de vida.
En ese escenario, la llamada Generación Silver -personas que llegan a la madurez y la tercera edad con nuevas expectativas, hábitos y necesidades- se convierte en un segmento que comienza a demandar propuestas específicas.
La pregunta ya no es solamente cuánto tiempo se podrá vivir, sino cómo llegar a esos años con buena salud y la mayor independencia posible. Y allí la actividad física adquiere un papel central. El entrenamiento de fuerza, el trabajo sobre el equilibrio y la flexibilidad, la movilidad y la estimulación cognitiva forman parte de una tendencia que busca prevenir el deterioro funcional y, al mismo tiempo, sostener una vida social activa.

En Mendoza, esa transformación comienza a verse en gimnasios, clubes y espacios de movimiento que están dejando atrás el modelo de una actividad física pensada para un público homogéneo. Las propuestas para adultos mayores incorporan rutinas adaptadas, grupos reducidos, horarios específicos y, en algunos casos, una dimensión social que convierte al ejercicio en una oportunidad para encontrarse con pares.
Uno de los ejemplos es Activity Place, un gimnasio ubicado en calle Lafinur de Dorrego, Guaymallén, que desarrolló una propuesta especialmente orientada a acompañar las necesidades de quienes transitan la vejez. Con un público que va entre los 13 y los 93 años, el espacio cuenta con grupos específicos para mayores de 65 y 75 años y adapta los entrenamientos a las posibilidades de cada participante.

El objetivo es trabajar sobre la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento y contribuir a preservar la independencia funcional, fortalecer los huesos y disminuir el riesgo de caídas. Pero la propuesta busca ir más allá del ejercicio: una vez al mes, organizan encuentros en cafeterías para favorecer la socialización y caminatas grupales gratuitas y abiertas a la comunidad, con diferentes niveles de exigencia.
Otra alternativa se encuentra en Marina Centro de Natación y Gimnasia, en calle San Lorenzo de Ciudad, donde funciona una propuesta que combina gimnasio y flexibilidad específicamente orientada a adultos mayores. Las clases, de cupos reducidos, apuntan a trabajar fuerza y elasticidad de manera progresiva y personalizada, con elementos destinados al entrenamiento y bajo el requisito de presentar apto médico.
Por su parte, el Club Mendoza de Regatas también cuenta con una actividad de gimnasia para adultos mayores en su sede del Parque General San Martín. La propuesta está dirigida a personas de entre 55 y 90 años y trabaja capacidades como resistencia aeróbica, fuerza, flexibilidad, coordinación y equilibrio, siempre de acuerdo con las posibilidades de cada participante.
Una mirada aún más específica propone Nuta Movimiento, en calle Boulogne Sur Mer de Godoy Cruz. El espacio cuenta con entrenamientos diferenciados para grupos de 65 años y más, con una premisa que pone en primer plano la independencia motriz. La idea es que el entrenamiento tenga una transferencia concreta a las actividades cotidianas: poder cargar una compra, caminar con seguridad, cambiar de dirección, levantarse del piso o desenvolverse con mayor confianza.

En el grupo Nuta +65, además del trabajo físico se incorpora la estimulación cognitiva, el juego, el ritmo, el baile y la interacción social. Para mayores de 80, los ejercicios son progresivos y adaptables, con énfasis en preservar la funcionalidad y la autonomía.
Todos estos nuevos espacios reflejan un cambio cultural: la vejez comienza a pensarse como una etapa para sostener proyectos, vínculos y movimiento, y no como el momento de abandonar la actividad. En ese contexto, los centros especializados tienen el desafío -y también la oportunidad- de acompañar una generación que aspira a vivir más, pero sobre todo a vivir mejor.
