Brasil definirá este domingo una elección presidencial cargada de historia y polarización. De un lado, Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, busca un inédito cuarto mandato al frente del país. Del otro, Flávio Bolsonaro, de 45, hijo del expresidente Jair Bolsonaro -condenado a 27 años por planificar un golpe de Estado-, intenta heredar el movimiento de su padre y llegar al Palacio del Planalto. Las encuestas ubican a Lula entre cuatro y cinco puntos por delante.
Lula llega con medio siglo de trayectoria política a cuestas. Fue el primer presidente de origen obrero en la historia de Brasil, gobernó entre 2003 y 2010 con resultados que incluyeron baja inflación, alto crecimiento del PBI y una reducción de la pobreza que le valió el título de “campeón mundial de la lucha contra el hambre” por parte del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Volvió al poder en 2022 tras ganar la elección más reñida de la historia brasileña por apenas 1,8 puntos. Su actual gestión estuvo marcada por los enfrentamientos diplomáticos con el gobierno de Donald Trump por aranceles y prácticas comerciales. “Brasil no es el patio trasero de nadie”, llegó a decir.
Flávio Bolsonaro, abogado y senador, construyó su carrera política en Río de Janeiro con eje en la seguridad pública y la defensa de las fuerzas policiales. Es percibido como un Bolsonaro más moderado y conciliador que su padre: durante las crisis del gobierno paterno, fue quien cultivó relaciones con legisladores y actuó como puente con el Senado. Su campaña promete endurecer la respuesta contra el crimen, reducir la edad de responsabilidad penal y buscar una amnistía para su padre si llega al poder. En mayo viajó a Estados Unidos para pedirle directamente a Trump que clasifique a ciertos grupos como organizaciones terroristas, una medida que Lula rechazó como una amenaza a la soberanía brasileña.
La seguridad es la principal preocupación de los brasileños: según una encuesta de Quaest, el 33% la consideró el problema más importante del país, más del doble que la economía. En ese terreno Flávio se mueve cómodo. Casi la totalidad de los votantes que se identifican como bolsonaristas apoyan ahora a Flávio, lo que sugiere que la identidad del movimiento logró transferirse sin su fundador en la boleta.
La elección se da en un contexto de alta polarización, tensiones con Estados Unidos y un electorado dividido entre quienes apuestan por la continuidad del proyecto de Lula y quienes buscan un giro hacia la derecha con un apellido que sigue siendo una de las marcas políticas más poderosas de Brasil.
