Con la llegada del papa León XIV a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, volvió a tomar relevancia una bebida que tendrá un lugar particular durante su visita: el vino de misa. El Pontífice recorrerá Buenos Aires y Córdoba como parte de su viaje apostólico por el país.

Luego de 39 años desde la última visita de un Papa a la Argentina, el vino elegido para la celebración en la Basílica de Luján será mendocino. Pero, aunque puede parecerse al vino que se consume habitualmente, no se trata simplemente de cualquier botella de vino.

Entonces, ¿qué diferencia a un vino de misa de uno convencional?

Qué es el vino de misa

En Argentina, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) lo encuadra dentro de una categoría específica: el “vino ritual”, que es aquel destinado a celebraciones litúrgicas.

La enóloga Andrea Ferreyra explicó a El Sol que la diferencia no pasa necesariamente por una variedad de uva determinada, sino por las características que puede tener el producto y, fundamentalmente, por el destino para el que se elabora.

En algunos casos, estos vinos presentan mayor graduación alcohólica y azúcar residual, características que se consiguen a través del proceso de elaboración. En el vino de misa producido por Cabrini, por ejemplo, se incorpora alcohol vínico durante la fermentación. Esto permite detener la acción de las levaduras y conservar parte del azúcar natural de la uva.

El resultado es un vino dulce y con una graduación alcohólica que ronda los 16,5 y 17 grados.

Para alguien que no está familiarizado con el mundo del vino, hay otra particularidad que ayuda a entender por qué estas características resultan útiles: el producto puede tener mayor estabilidad una vez abierto, algo importante en una celebración religiosa, donde el vino se coloca en las vinajeras y puede quedar expuesto al oxígeno.

De todos modos, no todos los vinos rituales tienen necesariamente las mismas características. La normativa contempla distintos productos y permite que cada comunidad religiosa establezca determinados requisitos para aquellos destinados exclusivamente a sus celebraciones.

Qué dice la normativa del INV

La Resolución C.10/2005 del INV establece que la elaboración del vino ritual debe contar con la conformidad previa de la autoridad religiosa correspondiente y respetar las prácticas enológicas previstas por la legislación.

Las bodegas que producen estos vinos también deben comunicar previamente al organismo qué productos elaborarán, los volúmenes aproximados y el destino que tendrán.

En el caso de los productos elaborados exclusivamente para actos litúrgicos, la normativa permite que respeten los requisitos analíticos establecidos por cada comunidad religiosa y contempla una excepción al grado alcohólico mínimo exigido para otros productos de libre circulación.

Para acceder a ese régimen, Ferreyra explicó que la bodega debe acreditar el destino del producto y obtener la habilitación correspondiente, que debe identificarlo con la leyenda “uso exclusivo para celebraciones litúrgicas”.

Es decir, no alcanza con elegir un vino cualquiera y llevarlo a una iglesia. Existe un régimen específico que contempla su elaboración, control y destino.

El vino mendocino que ya conocieron otros papas

El vino que llegará a la celebración de León XIV tiene, además, un antecedente particular. La bodega Cabrini, ubicada en Luján de Cuyo, produce vino de misa desde 1939.

La relación con la Santa Sede tampoco comenzó ahora. En 1950, durante el pontificado de Pío XII, la familia recibió una carta de agradecimiento después de enviar sus productos a Roma.

Y varias décadas después, en el Jubileo del año 2000, el mismo vino de misa mendocino llegó nuevamente al Vaticano. En aquella oportunidad, Juan Pablo II utilizó el producto durante una celebración litúrgica.

Por eso, León XIV no será el primer Papa vinculado con este vino mendocino. La particularidad de su próxima visita será que el producto llegará para una celebración papal en suelo argentino, en la misa que el Pontífice encabezará frente a la Basílica de Luján.

La última visita de un Papa a la Argentina

La visita de León XIV también marcará el regreso de un pontífice al país después de casi cuatro décadas.

El último Papa que visitó la Argentina fue Juan Pablo II, quien llegó en abril de 1987, para una gira de seis días. Antes de ese viaje, el pontífice polaco había estado brevemente en el país en junio de 1982, durante la Guerra de Malvinas.

Desde entonces, ningún otro Papa había vuelto a pisar suelo argentino, hasta la próxima visita de León XIV en noviembre.