El lunar junto al labio fue una de las primeras señales del indiscutible parentesco entre Presley Gerber y su madre, Cindy Crawford. En sus primeros desfiles, ese pequeño rasgo evocaba de inmediato a la icónica supermodelo de los años 90; el resto de su estampa, en cambio, reflejaba la impronta de una nueva generación: cabello rubio, tatuajes visibles, un aro en la oreja y una forma mucho más descontracturada de transitar la moda.

Su carrera en el mundo de la moda había empezado muy temprano. Según detalló en su momento la revista Vanity Fair, debutó sobre las pasarelas para la firma Moschino a los 16 años y, antes de cumplir la mayoría de edad, ya había participado en desfiles internacionales de marcas de la talla de Ralph Lauren, Dolce & Gabbana, Zadig & Voltaire y Burberry.

Presley Walker Gerber nació en 1999 en Beverly Hills, California. Fue el primer hijo del matrimonio formado por Cindy Crawford —una de las supermodelos más influyentes que marcaron la década de 1990— y el empresario y exmodelo Rande Gerber.

Su recorrido profesional despegó al firmar con IMG Models, una de las agencias de representación más importantes de la industria global. La prestigiosa agencia también ha representado a figuras de peso como Gisele Bündchen, Bella Hadid, Joan Smalls y a su propia hermana menor, la también modelo Kaia Gerber.

El gran salto se produjo cuando apenas tenía 16 años y fue convocado para desfilar para Moschino en Los Ángeles. A partir de ese momento, sumó participaciones consecutivas en las pasarelas de las principales capitales de la moda como Nueva York, Londres y Milán.

Photo: Kim Weston Arnold / Indigital.tv


A lo largo de esa etapa, Presley trabajó para firmas de primer nivel y su recorrido le permitió trascender la etiqueta de ser simplemente “el hijo de Cindy Crawford” para empezar a construir un espacio propio y consolidado en las grandes producciones masculinas.

Con una altura de 1,83 metros y una esbelta figura, el joven se distinguió por una estética que rompía con los estereotipos musculosos de décadas anteriores. Su impronta relajada, sumada a los múltiples tatuajes que cubrían su piel, sintonizó con una época en la que el sector buscaba perfiles con fuerte afinidad por la cultura digital.

Uno de los hitos más visibles de su trayectoria ocurrió en 2018, cuando protagonizó junto a su hermana Kaia una campaña global para Calvin Klein. Ambos se consolidaron entonces como máximos exponentes de una nueva camada de rostros que combinaban lazos familiares con alto impacto en redes.

Más allá de los flashes y las pasarelas, el joven mantuvo un costado terrenal arraigado en su crianza californiana, donde disfrutaba del surf y del golf junto a su padre. Esa faceta personal convivía con su estética marcada por los tatuajes, entre los cuales destacaba la frase “Be grateful” en su antebrazo, un lema familiar que eligió llevar siempre grabado.