Mendoza volvió a sentir con fuerza la actividad sísmica durante los últimos días. Un sismo de magnitud 4,6 se registró este jueves por la noche y tuvo su epicentro a apenas 16 kilómetros al sur de la Capital, en Luján de Cuyo.
El movimiento se produjo a unos 10 kilómetros de profundidad, según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres). Incluso, varios vecinos aseguraron haber escuchado un fuerte ruido, estruendo o incluso un sonido similar a una explosión antes de sentir cómo se movían sus viviendas.
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“Se escuchó como un ruido antes de que se moviera todo”, fue uno de los testimonios registrados por lectores de El Sol. Otros describieron una sensación similar a un “crujido”.
Por qué los últimos sismos se sintieron tan fuerte
La profundidad fue uno de los factores determinantes para explicar la intensidad con la que se percibieron los movimientos.
Días atrás, Mendoza había registrado dos sismos en menos de cinco horas. El primero ocurrió a las 22.37 del lunes de la semana pasada, tuvo una magnitud de 4,8 y su epicentro se ubicó a 11 kilómetros al sur de Ugarteche, en Luján de Cuyo.
Horas después, a las 3.18 del martes, otro movimiento de 4,3 grados tuvo su epicentro a 16 kilómetros al sureste de Potrerillos. En ambos casos, el Inpres informó una profundidad de apenas 10 kilómetros.
Aunque no se trató de movimientos de gran magnitud, la escasa profundidad hizo que una mayor proporción de la energía liberada llegara hasta la superficie.
Los especialistas de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y del Conicet explicaron que los sismos superficiales pueden generar una percepción mucho más intensa que otros movimientos de magnitud similar pero registrados a mayor profundidad.
En Mendoza, además, la proximidad de varios epicentros con zonas densamente pobladas aumenta la cantidad de personas que pueden percibirlos.
Se sintió como una explosión
Una de las particularidades del sismo registrado este jueves fue que numerosos vecinos describieron haber escuchado un estruendo antes o durante el movimiento. La explicación está vinculada con la forma en que se libera la energía acumulada en las rocas.
Quiroga señaló que cuando dos bloques de roca permanecen sometidos a tensión durante un período prolongado, puede producirse una liberación abrupta de esa energía cuando la falla finalmente se desplaza.
Ese proceso genera las ondas sísmicas que producen el movimiento del suelo, pero también puede estar acompañado por vibraciones y ondas sonoras que llegan a percibirse como un golpe, un crujido o incluso una explosión.
Los especialistas compararon el fenómeno con dos superficies que permanecen presionadas entre sí hasta que, de manera repentina, una cede y libera la energía acumulada.
Por eso, la sensación de haber escuchado una explosión no significa necesariamente que haya ocurrido una explosión real: puede tratarse del sonido asociado a la liberación brusca de energía durante un sismo superficial.
¿Los sismos estuvieron relacionados?
La sucesión de movimientos también generó dudas sobre si los últimos temblores tuvieron algún tipo de conexión.
La investigadora principal del Conicet en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) y profesora de la Universidad Nacional de Cuyo, Stella Moreiras, explicó que, con la información disponible, todo indica que los dos sismos de la semana pasada se originaron en fallas diferentes.
Sin embargo, la especialista aclaró que no puede descartarse completamente una conexión en profundidad. Para determinarlo serían necesarios estudios geológicos específicos.
El ingeniero civil especializado en estructuras y profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, Daniel Quiroga, explicó que la corteza terrestre está atravesada por numerosas fracturas. En determinadas circunstancias, el desplazamiento de una falla puede modificar el estado de tensión de otras estructuras cercanas.
Esto, de todos modos, no significa necesariamente que dos sismos formen parte de un mismo sistema de fallas.
Los especialistas remarcaron además que la mayoría de los movimientos sísmicos registrados en Mendoza ocurren a profundidades importantes y pasan inadvertidos para buena parte de la población.
Lo particular de los últimos episodios fue justamente su escasa profundidad, que permitió que la energía alcanzara la superficie con mayor intensidad.
Las fallas geológicas que atraviesan Mendoza
La actividad sísmica no es un fenómeno extraño en Mendoza. La provincia se encuentra atravesada por numerosas fallas geológicas activas, algunas de ellas con capacidad para producir movimientos superficiales.

Una de las estructuras más conocidas es la falla de Barrancas, ubicada en el departamento de Maipú y relacionada con el terremoto de 1985, uno de los principales antecedentes sísmicos de la provincia durante el siglo XX.
También se encuentra la falla La Cal-Calle Perú, que atraviesa sectores del norte del Gran Mendoza y que los especialistas vinculan con el terremoto de 1861, el más devastador registrado en la historia provincial.
A estas estructuras se suman las fallas del Piedemonte, un conjunto de fracturas paralelas a la Precordillera que atraviesan sectores donde también avanzó el crecimiento urbano.
Su presencia es uno de los motivos por los que Mendoza es considerada una provincia con alta exposición al riesgo sísmico.
