Después de más de 40 años en cautiverio, la elefanta Kenya emprenderá este viernes un viaje de 3.600 kilómetros desde el Ecoparque de Mendoza hasta el Santuario Global de Elefantes, ubicado en la selva de Mato Grosso, Brasil. Allí vivirá en condiciones mucho más cercanas a su hábitat natural, en un entorno que prioriza el bienestar y la recuperación de animales rescatados.
El traslado terrestre se realizará en una jaula especialmente acondicionada, similar a la que utilizaron Pocha y Guillermina, las dos elefantas asiáticas que también fueron trasladadas desde Mendoza al mismo santuario en 2022. El recorrido se estima en cinco días e incluye paradas programadas para controlar su estado de salud y bienestar.

“Ha llegado el momento tan esperado. Kenya ya está rumbo a su nuevo hábitat, a un lugar mucho más parecido y acorde a su especie, a un santuario en Brasil. Esto es fruto de mucho tiempo de esfuerzo, de trabajo conjunto, no solo del equipo del Ecoparque, sino también de las fundaciones que acompañaron todo este proceso”, afirmó la ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre,
Por su parte, el director de Biodiversidad y Ecoparque, Ignacio Haudet contó detalles del complejo operativo que se realizó para el traslado del animal.
“Primero fue necesario conseguir un lugar que estuviera adaptado y que tuviera las condiciones internacionales adecuadas para recibir este tipo de animales. Luego vino todo lo relacionado con la logística y el entrenamiento previo con el animal, para lograr su certificado veterinario internacional”, afirmó el funcionario.

El santuario brasileño ofrece un bioma ideal para elefantes, con espacios que van de 40 a 400 hectáreas, matorrales, vegetación nativa, atención veterinaria permanente y una dieta cuidadosamente diseñada. Pero uno de los cambios más importantes será la posibilidad de que Kenya socialice con otros elefantes y experimente una vida libre de encierros.
En las últimas semanas, Kenya fue entrenada para ingresar de forma voluntaria a la caja de transporte. Un video difundido por el propio santuario muestra a la elefanta entrando y saliendo con curiosidad, jugando con su trompa y mostrando comportamientos que denotan entusiasmo. En las imágenes también se la ve recogiendo hierbas y llevándolas a la boca, una señal de adaptación positiva.
