Camino a casa, de vuelta del trabajo, la mujer detiene su coche en un almacén de Villa Hipódromo para comprar algunas cosas para el almuerzo. El menú pide un sobre de queso de rallar.

Entra al comercio de barrio y, además de pan, pide el producto. Pero se sorprende con la respuesta. “No, no tengo nada de lácteos”, dice la persona que atiende detrás del mostrador.

Sorprendida, la mujer se da vuelta para observar el interior de las heladeras. Efectivamente, nota que no hay leche, ni queso, tampoco manteca, muchos menos el sobresito del queso para rallar.

“¿Por qué?”, vuelve a preguntar, algo sorprendida.

“Porque están muy caros. Hace rato que ya no traemos lácteos”, explicó el comerciante.

A la clienta no le quedó otra que buscar el próximo almacén.