El nuevo cepo para el acceso a los dólares a valor oficial, el que impuso y anunció el Banco Central cuando terminaba la semana pasada para las provincias que tienen vencimientos en moneda extranjera, le ha dado al gobierno de Rodolfo Suarez un inesperado nuevo argumento –éste caído del cielo si se lo interpreta desde lo estrictamente político–, contra las críticas del kirchnerismo que no ha dejado de cuestionarlo por acumular varias decenas de millones de pesos como ahorro para contingencias, en vez de invertirlos en obras, aumentos salariales o en construcción de viviendas.
La decisión del Central, inesperada e inédita, no sólo acumuló una nueva restricción para el acceso a la divisa a la que el diputado Lisandro Nieri ha bautizado “dólar fernet” –por el 60/40 de la combinación, ya que el Central venderá a valor oficial sólo 40 de cada 100 dólares de los que necesite la provincia, mientras que los restantes se los tendrá que conseguir por medio de un plan de roleo o de financiación de acuerdo con sus posibilidades–, sino que además ha puesto al descubierto la extrema y delicada situación por la que atraviesa la autoridad monetaria del país: sin reservas y sin un plan para el futuro inmediato que no sea otra hipotética promesa de salvataje que ofrecería China, una más de las tantas que ya ha anunciado Sergio Massa sin cumplimiento, ni confirmación.
El 19 de setiembre la provincia debe pagar un vencimiento de 60 millones de dólares de su deuda con los acreedores internacionales. De ese monto, 45 millones responden a capital y el resto intereses. El cepo le aportaría un costo adicional a la provincia, a valores actuales, de unos 5 mil millones de pesos, una suma ínfima en relación al presupuesto y frente a lo acumulado en el fondo de contingencias que el kirchnerismo cuestiona y con el que dice construirá las viviendas que se están prometiendo en la campaña electoral.
“Afecta, pero no complica”, ha dicho Víctor Fayad, el ministro de Hacienda del gobierno de Suarez. La afectación, en verdad, va por el lado de todo lo que podría emprender la provincia con esos fondos pero que no hará por tener que destinarlos, de forma inesperada, a la compra de dólares para el pago del vencimiento. Recursos que, como también se ha visto, aunque resulte incomprobable, de igual manera hubiesen tenido otro destino que el de las “obras y servicios públicos que la provincia necesita”, según la advertencia de Suarez el viernes pasado, a poco de conocer el anuncio de la restricción. Esos 5 mil millones significarían, si se quiere y para contar con una referencia un poco más clara, un poco menos del 25 por ciento de la masa salarial de un mes de los empleados públicos.
El punto es que el asunto viene a darle al oficialismo radical o de Cambia de Mendoza una herramienta más a su favor que usará en una campaña electoral lanzada y contra un Frente de Todos, hoy Elegí, que no ha dejado de penar por la acción y la omisión de una administración nacional que, al menos desde lo político, parece insistir en buscar el propio suicidio en cada paso que da, alimentando un proceso de autodestrucción que ha activado en territorios, como el de Mendoza, de los que no espera recibir ni sacar nada, salvo desprecio. Córdoba, por caso, al igual que Mendoza, ya anunció que se presentará ante la Justicia Federal con un amparo ante una medida “imprevista, discriminatoria y anti federal, atentando contra el normal desarrollo y las autonomías de las provincias, más aún cuando aquellos compromisos asumidos en dólares han sido autorizados a contraerse por el propio Estado nacional, generando un notable perjuicio a la provincia de Córdoba”, según comunicó e hizo saber oficialmente la provincia conducida por Juan Schiaretti.
A toda esta comedia de alto impacto sobre montos insignificantes, el Central les ha sugerido a las provincias que para el resto de los dólares que no le venderá al valor oficial, busquen su restructuración o refinanciación, como un roll over, por ejemplo, mecanismo con el que Suarez no cuenta y que, como se vislumbra, culpará de ello a la oposición peronista que se lo ha impedido a lo largo de casi toda su gestión.
El panorama no puede ser más nocivo para la primera oposición cuyos dirigentes y precandidatos han intentado por muchos medios posibles, y sin éxito, escaparles a los efectos de una gestión nacional sin nada para mostrar y absolutamente escindido de la realidad y distante de los problemas reales. Sólo les quedaría, de última, una negación del mismo que, sin embargo, tampoco le garantizaría a la expresión local recuperar algo del vínculo con la sociedad y los temas de interés provinciales que ha perdido.
Tampoco ese esfuerzo por imponer una agenda sobre temas de alto impacto y de mucha sensibilidad social, como la necesidad de construir viviendas, mejorar los sueldos en los sectores público y privado, y avanzar en un esquema drástico y automático que permita aumentar el número de policías en la calle para aliviar los índices de inseguridad, pareciera darle garantía a la oposición de recortar las distancias perdidas. Es una incógnita el hecho de si una estrategia más propia de campañas del pasado, con visos y comportamientos nostálgicos de otras épocas, con una configuración distinta a los tiempos actuales, responderá en la medida en la que la oposición lo necesita. Está claro que la apuesta es a que tenga una efectividad positiva, pero nadie lo puede asegurar, hay que decir.
Y a la crítica lógica de la provincia, tras ese acto del Central servido en bandeja para que suceda, se le ha terminado adicionando la actualización de las conductas discriminatorias de la nación en el envío de fondos, automáticos o no, y que tanto argumento a favor y tanto jugo le ha exprimido al asunto un gobierno provincial que, en rigor, si ha conseguido algo de lustre y brillo ha sido a expensas, en gran medida, de aquellos desaciertos de un kirchnerismo nacional que ha dado más muestras de agudizar y multiplicar su desprecio con la provincia y su pueblo que el hecho de ir por una inteligente reconciliación o señal de acercamiento, absolutamente necesarios para sus intereses político-electorales, aunque –se sabe– no se lo permita esa ausencia de amor y de química.
