¿Qué pudo haber motivado a Alfredo Cornejo y a Rodolfo Suarez a lanzar prematuramente la campaña electoral, con la confirmación del senador nacional al frente de todos, para intentar sostener en manos del actual oficialismo la provincia? ¿Qué ha perseguido aquel tuit de Flor Destéfanis, la intendenta de Santa Rosa y presidenta del PJ, en el que aclaró como si hiciera falta que el partido que lidera tiene un límite ideológico determinado por Cornejo, Macri y De Marchi? ¿Qué efecto busca Omar de Marchi cuando extiende el misterio sobre su jugada más esperada por todos, que no es otra cosa que ir a pelear la gobernación con el oficialismo enfrente y con la sumatoria de todo lo que consiga a su favor?
Son las preguntas que encierra la estrategia político-electoral de este tiempo en Mendoza. No hay nada más trascendente que tales interrogantes, los que en definitiva van a marcar el pulso de los acontecimientos a medida que se les vaya viniendo encima de todos un complejísimo cronograma electoral, con tanto en juego.
Sólo de arranque, nomás, la salida a la cancha de Cornejo ha sido un blanqueo de un movimiento que comenzó a madurar cuando el senador nacional y ex gobernador corroboró que todavía no ha llegado su momento para aventurarse electoralmente en la nación. Entonces ¿con qué sentido negar el plan B que estaba en danza, el que ahora se ha convertido en el máximo objetivo? La presión de Omar de Marchi, además, pudo haber sumado un motivo más para que Cornejo y Suarez pisaran el acelerador ocupando la centralidad de la actualidad política provincial donde ambos, desde ahora en adelante, compartirán lo que queda de gestión: logros, yerros, pasos en falso y frustraciones compartiendo una fórmula rara y novedosa con la que el oficialismo pondrá todo en juego, a todo o nada como en la perinola y contra dos adversarios, el peronismo y lo que pueda representar De Marchi, quienes unidos o por separado intentarán hacerle el mayor daño posible.
Con Cornejo ya lanzado y recorriendo la provincia, los radicales y sus socios podrán focalizarse en los seis departamentos que el 30 de abril tendrán sus primarias. San Rafael y Maipú, las dos históricas y frustradas obsesiones del oficialismo provincial. “Venimos como punto, no como banca”, dijo el senador nacional en las tierras de los hermanos Emir y Omar Félix, la “familia” –al decir de Cornejo–, que gobierna el municipio desde hace veinte años, desde que el radicalismo lo perdiera tras la gestión de Ernesto Sanz, fuerte rival del senador nacional en la interna partidaria. “No hemos hecho las cosas bien”, reconoció Cornejo. Y lo propio sucederá en Maipú, en los dominios de los hermanos Bermejo y hoy de Matías Stevanato. Se cae de maduro que Cornejo tomará ritmo de campaña en estas dos comunas, llevando de la mano a quien se nomine como candidato, con pocas esperanzas de triunfo, pero con el sueño siempre presente del batacazo.
Claro está que la salida, para algunos demasiado temprano de Cornejo al ruedo, es un mensaje a De Marchi, el que por ahora no se ha dado por aludido y ha dejado trascender que hasta abril tiene tiempo de definir qué hacer. Por supuesto que todo es relativo en el líder del PRO. Antes del anuncio de Cornejo también decía que una vez que el senador confirmara su candidatura, inmediatamente él haría lo propio, lo que no ha ocurrido.
Pero todo indica que los radicales cumplirán su propio cronograma con el que le han querido marcar los límites a De Marchi. La UCR va a esperar a la semana del 15 al 22 de febrero. Si durante ese período De Marchi no da señales de ir a la interna en una PASO, los radicales y sus socios darían por terminada cualquier ventana de negociación con el líder del PRO. A partir de ahí, Cornejo y compañía enfilarán directamente hacia la gobernación, afirman, clausurando cualquier acuerdo posible con De Marchi. Aunque todo hay que tomarlo con pinzas, por supuesto, porque difícilmente Cornejo se cerraría a la firma de un mínimo pacto con su principal amenaza que tiene enfrente si eso le llegara a asegurar una victoria amplia, por sobre todo legislativa que es otro de los objetivos que figuran al tope, de tantos en juego.
Y De Marchi, mientras, va tejiendo una intrincada red de posibles encuentros que a primera vista se le presentan algo difusos, pero que necesita imperiosamente para ampliar sus chances. A todo lo conocido con los liberales, el Mendoéxit, el movimiento de Carlos Iannizzotto y otras fuerzas, De Marchi le presta especial atención a lo que pueda pactar con los intendentes peronistas no K. Se descarta, claramente, que a ese frente que pueda alumbrar De Marchi se le sumen los intendentes peronistas, pero los intendentes, por sobre todo, no desmienten su intención de ofrecerle a De Marchi algunos de sus nombres, mujeres y varones, que no tendrán lugar en lo que hoy es el Frente de Todos, esa amalgama en donde cohabitan el kirchnerismo y el peronismo blanco y que será muy difícil que se rompa, pese a las diferencias que tienen allí adentro, de cara a las elecciones. De Marchi no ve con malos ojos tal armado de apariencia solapada y audaz estrategia, y aunque corre el riesgo de que el peronismo de los intendentes le cope buena parte de las listas en los departamentos, sabe que tendría por ese lado una ayuda inestimable para llegar derrotar a Cornejo y alcanzar la gobernación.
Y pese a que Flor Destéfanis, la titular del PJ, haya intentado marcar los límites del peronismo al momento de renovar la vocación frentista del movimiento mencionando a De Marchi, Macri y Cornejo como lo que ideológicamente se tiene que rechazar de plano, eso no significa que todo el peronismo cumpla y siga a pie juntillas tal mandato doctrinario. Puede que haya sido un mensaje efectivo hacia el núcleo duro de quien hoy gobierna el partido, la Cámpora, el cristinismo, el kirchnerismo que hoy representan claramente Anabel Fernández Sagasti, Lucas Ilardo y Carlos Ciurca. Pero para otros ha sido un sonido que ha entrado por un oído y salido por el otro, aunque se cuiden, claro, de llevar las diferencias a un extremo tal que los termine dividiendo. Porque si algo sabe todo el peronismo es que si la próxima elección los encuentra divididos no tendrán otro destino que la posible disolución, un escenario al que de ninguna manera se expondrán, aun reconociendo que todo lo que huele a Fernández de Kirchner en Mendoza repele votos y rechaza adhesiones.
