A pocas horas de finalizar el 2022, un nuevo femicidio fue perpetrado en Mendoza. El departamento de Guaymallén fue el escenario del noveno ataque fatal contra una mujer en un contexto de violencia de género que registró en la provincia durante el año que pasó.
La víctima, Verónica Angélica Figueroa (40), fue acribillada de tres disparos en la casa que compartía junto a su esposo en el asentamiento Castro. Justamente, el hombre, identificado como Carlos Estanislao Tapia fue marcado como el autor del ataque.
Sin embargo, los policías no llegaron a detenerlo, ya que el autor, de 51 años, decidió quitarse la vida con la misma pistola calibre 9 milímetros que utilizó para matar a su pareja.
Así, la causa que lidera el fiscal de Homicidios Carlos Torres, va camino al archivo. Sólo restarán sumar al expediente algunas testimoniales y diferentes peritajes de rigor.
Más allá de eso, los detectives del caso profundizaron en las primeras horas de la pesquisa sobre el perfil del femicida, quien contaba con un extenso prontuario con antecedentes de vieja data por diferentes delitos.
Si bien Tapia no había tenido roces con la ley en los últimos 14 años, las causas por las que fue investigado y encarcelado a lo largo de su vida, lo colocaron como un personaje “violento” y que estuvo inmerso en el mundo delictivo mendocino durante un largo tiempo.
La información a la que accedió El Sol sostiene que las primeras detenciones que registró el femicida ocurrieron hace más de tres décadas. Más precisamente, fue en 1987, cuando tenía sólo 16 años, que tuvo la primera causa de robo en su contra.
Ya con mayoría de edad, en 1990, registró otras tres causas por ese mismo delito y otra por homicidio en grado de tentativa y abuso de arma.
Dos años más tarde, en 1992, quedó comprometido por hechos de resistencia agravada a la autoridad, tenencia de arma de guerra y robo agravado en concurso real con privación ilegítima de la libertad.
Luego de pasar un largo tiempo en prisión, reincidió en su vuelta a las calles, en el comienzo del nuevo milenio. Fuentes policiales indicaron que en el 2000 lo imputaron por abuso de arma, amenazas graves y robo agravado.
Al año siguiente, fue investigado por tenencia de arma de guerra; mientras que en 2003 cayó por lesiones, resistencia a la autoridad, desobediencia y lo investigaron por infracción a la Ley 23.737 (de estupefacientes).
Posteriormente, en 2005 fue acusado por lesiones y en 2008 volvió a quedar en la mira en una causa por tema de drogas.
Sus últimos dos antecedentes fueron registrados en marzo de 2009, por “averiguación delito”, y en agosto de ese año otra vez por infracción a la Ley 23.737, detallaron las fuentes consultadas.
Pese a que en los últimos años se había mantenido sin nuevos conflictos con la Justicia, vecinos que fueron entrevistados en el marco de la investigación por el femicidio, señalaron que ejercía violencia de género contra su esposa, aunque la mujer nunca lo denunció.
Luto en Año Nuevo
Faltaban algunos minutos para las 21 y las familias del asentamiento Castro se preparaban para disfrutar la cena de Nochevieja.
Pero en ese momento, una serie de detonaciones de arma de fuego sorprendieron a los lugareños. Algunos se acercaron y pudieron confirmar que un hombre había atacado a tiros a su pareja.
Por eso, hubo llamados a la línea de emergencias 911 y los primeros en llegar a la escena fueron policías de Infantería que estaban en un puesto fijo de calles 9 de Julio y Castro.
Cuando los efectivos ingresaron a la vivienda de la manzana B, cerca del cruce de calles Castro y Ascasubi, dieron con Figueroa. La mujer ya estaba sin vida y presentaba tres heridas de bala, una de las cuales le había ingresado por un ojo.
Ante esa situación, se activó el protocolo de femicidio y se desplazaron a la escena peritos de la Policía Científica y del Cuerpo Médico Forense (CMF), así como también detectives de la Unidad Investigativa Guaymallén (UID) y de la División Homicidios.
A unos 200 metros del lugar, se halló el cuerpo de Tapia, que presentaba una lesión de arma de fuego en la cabeza, con ingreso por la boca. Por las características de la herida letal, los pesquisas determinaron que se había quitado la vida.
Junto al cadáver del femicida había vainas servidas de calibre 9 milímetros, pero no se halló la pistola utilizada. Aparentemente, fue sustraída por malvivientes de esa zona, previo a la llegada de las autoridades.
Los primeros peritajes practicados en el teatro del hecho y las entrevistas a los lugareños confirmaron que lo que se sospechaba desde un principio: había sido un femicidio seguido de suicidio.
