La fiebre mundialista no solo desata lo mejor que uno puede sentir por los colores albicelestes, sino que también abre la puerta a actitudes reprochables. Puede contarlo una familia de Las Heras que, según relató a El Sol, durante años tuvo una bandera en el jardín. De hecho, entre mayo y agosto la dejó flameando en el exterior de la vivienda sin que nada alterara ese paisaje. Pero hace poco, manos anónimas decidieron sacarla de su lugar y llevársela. El furor por el fútbol tiene estas malas mañas.