¿En lo que va del año, su hijo o hija perdió días de clase por cuestiones climáticas, paros, jornadas docentes, etcétera?, se les preguntó a 500 madres de todo el país con chicos en la escuela primaria. El 60,8 por ciento respondió que sí, en general y en promedio, uniendo el sector público estatal con el privado. El motivo del no dictado de clases, de acuerdo con la percepción de las madres encuestadas, resultó ser el de las jornadas pedagógicas, también conocidas como jornadas docentes, en primer lugar; por los paros en segundo término y, por último, se señalaron las inclemencias climáticas. Los datos fueron difundidos por la Encuesta Nacional Escolar (ENE) luego de que el Observatorio de Argentinos por la Educación ordenara el sondeo sobre lo ocurrido en el primer semestre de año, en particular en lo relativo a las interrupciones del ciclo lectivo en la escuela primaria de todo el país.
La información ha sido, de acuerdo con los especialistas, esclarecedora de la situación y, además, reveladora con la percepción de las familias al no contar el país, desde lo institucional, con un sistema que permita monitorear el cumplimiento de los días de clase, de acuerdo con lo que afirman los integrantes del Observatorio, entre quienes figura la pedagoga de la Flacso Argentina, Guillermina Tiramonti; las especialistas Gabriela Catri y Eugenia Orlicki, con la colaboración, además, del pedagogo
mendocino Alejandro Castro Santander.
El trabajo ha permitido conocer las impresiones generales de los padres de los chicos de primaria sobre los problemas educativos más trascendentes que aquejan a sus hijos luego de la depresión y el duelo que provocó la pandemia de coronavirus por los aprendizajes perdidos durante todo el 2020 y parte del 2021. Los expertos hallaron, entre otras cosas, que se ha estado lejos de la revinculación que se esperaba lograr entre los chicos y la escuela, al menos a los mismos niveles del 2019, el último año prepandémico.
Que más de 60 por ciento de las familias de los chicos, en general, afirmen que se perdieron días de clase por razones que pudieron ser evitadas es un dato que en Mendoza pega fuerte por su actualidad y que es de gran impacto coyuntural, debido a la polémica que levantaron los paros ordenados por el sindicato docente, el SUTE, entre fines de julio y los primeros días de agosto (cinco en total) y la disputa político, administrativa y judicial que planteó el gremio al rechazar los descuentos que se le hicieron por los días no trabajados, además de exigir, sin éxito, que se les pagara el ítem aula, un adicional que la Suprema Corte de Justicia de la provincia ha vuelto a considerarlo no sólo constitucional en dos fallos que se conocieron este jueves, sino que, por otro lado, avaló el no pago del mismo para quienes se plegaron a la huelga.
Si la revinculación con los aprendizajes no se ha logrado, de acuerdo con lo observado por estos especialistas, está claro que la posición y actitud asumida por los gremios de la educación poco ayudó; o, lo peor de todo, que, precisamente por todo lo que los gremios han llevado adelante como planes de lucha, es que la situación no se ha normalizado, sino agravado, claramente. Cuando el objetivo detrás de la recuperación educativa y de los contenidos, particularmente, debió haber sido la prioridad con el fin de ayudar a los chicos más vulnerables a ponerse a tono con quienes tuvieron más medios y oportunidades, para muchos dirigentes –no todos– y ciertos gremios educativos –no todos–, tal fin se mantuvo a la cola, evidentemente.
Para el 31 por ciento de las familias, sus chicos perdieron días de clase por las jornadas pedagógicas organizadas por el propio gobierno escolar. Es otro tema de debate que ha puesto de relieve otra de las integrantes del equipo de especialistas que trabaja alrededor del observatorio. María Cristina Gómez, directora de la Red de Educadores Innovadores, ha dicho que es necesario abordar el sistema de fondo: “El sistema y la carrera docente”. Según Gómez, “se les pide a los docentes trabajar en equipo pero, para hacerlo, hay que suspender las clases. El sistema atrasa en todo; no sólo en el currículum, sino también en la organización y gestión para la mejora de los aprendizajes”.
Los paros gremiales, fueron, para el 28 por ciento de las familias, el segundo motivo de la pérdida de clases. En este punto, Tiramonti cita al teórico de la comunicación Jesús Martín-Barbero, “el que solía decir que ‘la realidad viene tejida junta’, para dar cuenta de la interrelación existente entre todos los elementos de la realidad social y la necesidad de que esta sea analizada desde una óptica compleja. Este informe da cuenta –añade Tiramonti– de la colisión existente entre la práctica reivindicativa de derechos usada por el sindicalismo y el derecho de los chicos más humildes al aprendizaje. No hay un solo modo de reivindicar derechos, y es evidente que el adoptado por el sindicalismo debe ser revisto para evitar el impacto negativo sobre la justa distribución de los aprendizajes”.
La encuesta refleja, también, que para el 21 por ciento de las familias, de acuerdo con su percepción, los chicos perdieron más de 10 días de clase en el primer semestre; para el 18 por ciento, entre 6 y 10 días, y para otro 21 por ciento, menos de 5 días. A su vez quedó de manifiesto en el sondeo la diferencia existente entre el sector público estatal y el privado: en las escuelas públicas, la percepción de la pérdida de los días de clases quedó estampada en el 75,8 por ciento de los padres encuestados, mientras que fue de 34 por ciento en las de gestión privada.
María Cristina Gómez, por su lado, vuelve sobre la necesidad de ir al fondo de los temas, cuando afirma: “La autonomía escolar de la que siempre hablamos permite contar con el personal a tiempo completo, con una organización de trabajo frente al aula y en el resto de las tareas que hacen sostenible y eficiente el sistema sin que los alumnos pierdan horas”.
Y para el mendocino Castro Santander, aquella revinculación que no se ha logrado “y al que nos comprometimos –dice–, muestra una peligrosa discontinuidad que puede llevar no sólo a permanecer en pobreza educativa, sino a la desvinculación de muchos de nuestros estudiantes. Ya no es para debatir: la prestación sostenida y mejorada de la educación, debe posicionarse como prioridad en nuestras agendas familiares y escolares”.
