Un paso adelante en el bienestar animal. El traslado del tortugo Jorge, después de 38 años de cautiverio en el acuario de la Municipalidad de Mendoza, demuestra que está creciendo el interés en la protección y la conservación de la fauna en general. Pasó con las elefantas Pocha y Guillermina, que terminaron en un santuario de Brasil, aunque una de ellas murió a los pocos meses. El fin era más que positivo. Si bien algunos especialistas contaron que el traslado debería haberse dado hace muchos años, igual que con el tortugo, la acción de “liberarlas” coincidió con que el encierro de animales silvestres en zoológicos y otros sitios con fines comerciales y de exhibición es cada vez más desaprobado por la sociedad toda.
Esta idea de mostrarlos como objetos debe quedar en el pasado por los efectos que puede provocar en su salud. El primer paso ya se había dado con el cierre de Zoo provincial y la reubicación de la mayoría de los ejemplares. Pensar en el respeto y el bienestar de cada uno de los “bichos” es la idea correcta. Tiene que primar la educación y la cultura del cuidado.
Ya no hace falta ir a un predio con animales encerrados para aprender sobre ellos. Eso quedó en el pasado gracias al desarrollo tecnológico y el alcance que se tiene a diferentes herramientas de conocimiento. La vida en cautiverio provoca serios cambios en el comportamiento natural de los animales y carece de sentido si no se desarrolla con fines de protección o conservación, como sucede en algunos parques privados de países del primer mundo. Jorge fue rescatado hace mucho tiempo. Existió la idea de devolverlo al mar pero nunca se concretó. Finalmente sucedió y el apoyo fue unánime.
