Mendoza vivió este fin de semana su reencuentro a través de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Pasaron dos años sin fiesta, lo que no es poco, puesto que la máxima celebración que tenemos en este oásis que le pelea palmo a palmo al desierto y a la montaña involucra muchas cuestiones. Principalmente, la económica, ya que con la vuelta a la presencialidad también se produjo el retorno de los turistas, tanto nacionales como internacionales, lo que representa la circulación del dinero en todas sus escalas. Desde los hoteles y restaurantes, hasta el taxista o el quiosquero. Por donde quiera verse, esta recuperación es invaluable.
Como destino turístico, todavía hay cuestiones que deben resolverse para volver a un estado prepandemia. Una de ellas, no menor, es la conectividad aérea. Que el aeropuerto mendocino esté recibiendo vuelos no sólo de Sao Paulo, sino también directamente desde Santiago de Chile o de Lima es una fina tarea política. La otra es el flujo intenso que se vivía con los chilenos, fundamentalmente a través del paso Cristo Redendor, considerando que el cambio les favorece. Ahí, el trabajo es más que nada sobre la confianza. La provincia no está librada 100% de coronavirus, ninguna ciudad del mundo lo está, pero se ha avanzado en una campaña de vacunación importante que garantiza los cuidados. Y una tercera: hay sitios eminentemente turísticos donde la conexión a internet es muy mala o nula. Tiene que haber un plan para esto.
Si no hay más sobresaltos de índole global, estaríamos a un paso de dejar atrás los miedos que proliferaron durante estos últimos dos años y recuperar más de un terreno. El resto, dependerá exclusivamente de los mendocinos como sociedad.
