En clases virtuales o presenciales, los docentes tienen una llegada habitual con sus alumnos que algunos aprovechan para marcar una bajada de línea que nada tiene que ver con su materia. Con sutilezas, comentarios sueltos o discursos directos, el adoctrinamiento puede tomar muchas formas en las aulas.

El alumno que grabó con su celular a la “profesora K” mientras le gritaba su postura política a un menor, chicaneando con observaciones personales, sirvió de pantalla para los cientos de casos que no pueden verse, pero que ocurren. El video, precisamente, dice mucho más que los gritos de la docente: habla de un revisionismo habitual, una propaganda impune que no debería existir en una escuela.

Frente a esa situación, en este caso, el estudiante se defendió. Contra el pensamiento de que los chicos deberían tragar discursos sin pensar, contra la idea de que la profesora seguro debe tener razón porque es la profesora, contra la regla de “a mí no me contestés que sé más que vos” ante una adulta que hablaba de lo que no debía.

Esa defensa fue la que se celebró en las redes: la de levantarle la voz al adoctrinamiento. Sin permitir las prepoteadas que buscan tapar los argumentos. Sin someterse a las bajadas de línea ni a los gritos de quienes se niegan a escuchar que les respondan: “No, no es así”.