Uno de los poderes del Estado más cuestionados es la Justicia. Lo que sucede en los pasillos de Tribunales suele repercutir en más de una forma en la sociedad, empezando por los fallos de los magistrados. Por eso, una de las cuestiones donde debe haber mayor transparencia es la elección de sus miembros, ya que sus decisiones pueden hacer que una persona pierda la libertad o determinar cómo debe seguir una familia en un divorcio, por citar algunos casos de los dramas con los que lidian. Estos integrantes deben llegar no sólo bien preparados sino también sin manchas en el legajo. Y para eso, hay un mecanismo formalmente institucional.

La decisión de la oposición de no asistir a las sesiones de acuerdo donde se designan a jueces y fiscales es una decisión estrictamente política. Los funcionarios judiciales que deben pasar por el filtro legislativo seguirán su curso y para ello existen las herramientas tanto para avalarlos como para impugnarlos. Por eso, dejar esa silla vacía es abandonar la pelea política pero sobre todo el control de otro poder, que es el que les corresponde a los legisladores. Así funciona la democracia republicana. 

Cuando el ciudadano elige una mayoría, también lo hace con una minoría a quien delega el control del poder. Son las reglas de la democracia. No vale llevarse la pelota si vas perdiendo. Esta regulación entre poderes es fundamental, sobre todo cuando hay connivencias propias de la política.