Está claro que la inflación, la presión impositiva y la caída del valor de la moneda frente al dólar han influido y condicionado notablemente la marcha de las economías regionales y de cada una de las provincias. En los últimos veinte años, desde el 2000 al 2010, las provincias acompañaron el rumbo que tomaron en el país el nivel de los salarios y la cantidad de empleo, aunque hubo diferencias a favor en las petroleras de la Patagonia. Pero, cuando comenzó la depresión, desde el 2010 hasta la actualidad, una época claramente marcada por el estancamiento generalizado, la crisis afectó a todas las provincias casi por igual, aunque algunas pocas lograron desacoplarse y diferenciarse del resto. Entre estas últimas no está Mendoza, aunque pudo haber sido de la partida si hubiese echado mano a ese capital potencial de recursos naturales con que cuenta. Sin embargo, su performance fue gris, siguiendo la media nacional durante los primeros diez años del nuevo siglo; desde el 2010 en adelante se ha destacado por su estancamiento y, en todo caso, por la lenta pero persistente caída constante en la creación de empleo y en el nivel de sus salarios.

Todas estas apreciaciones y unas cuantas más están contenidas en un nuevo informe de coyuntura del IERAL, de la Fundación Mediterránea, firmado por el economista y académico mendocino Jorge Day. El informe no lo dice taxativamente, pero sí sugiere que la provincia está obligada por poco a salir del corsé que le han puesto a su economía el agro y la industria. Ambos sectores no alcanzaron para mejorarle el nivel de vida, sino que el declive que sufrieron empeoró la situación general. Y, el petróleo –la otra actividad de que la pudo valerse para salvarse– decayó su producción, quizás como producto de una desaceleración de la inversión en el sector la que con claridad se vio tentada por las expectativas y nuevas oportunidades que generó Vaca Muerta, en Neuquén.

Mientras se acentúa este estado de decrepitud general para la economía de la provincia, más relevancia consigue tener el fondo que se está acumulando en letras en dólares y que tenía como destino la construcción de Portezuelo del Viento. Junto con eso, genera un atractivo superior una serie de emprendimientos vinculados al turismo y la minería en Malargüe y, claro está, el proyecto San Jorge de explotación de cobre, que ha sido reconfigurado en su totalidad y que espera ver la luz para cuando consiga vientos políticos distintos de los actuales, menos conservadores y más entusiastas con los nuevos desafíos que pueden ser activados en la economía local. Dependerá, claro está, de un cambio necesario en la tendencia actual. De lo contrario, se seguirá dependiendo de lo poco que genera el comercio, alimentado, a su vez, por una matriz económica que parece haber llegado a dar todo lo que tenía. Los salarios privados registrados se encuentran por debajo de la media y el empleo sigue la tendencia nacional, cuando podría comenzar un desacople como el que tuvieron San Juan en su momento, Neuquén y hasta Santiago del Estero y Chaco producto del boom sojero que pudieron aprovechar al extender, estas últimas dos provincias, su frontera agrícola.

De acuerdo con el informe del IERAL, entre el 2000 y el 2010, las provincias petroleras lograron desengancharse para mejor de una tendencia positiva en general que demostró el país. Lo que ya se sabe, fueron los precios de los commodities los que marcaron la diferencia, los granos y el petróleo. Cuando llegó el declive, los años de la depresión de la que no se sale, sólo algunas provincias evitaron caer. San Juan lo hizo con la minería, en particular durante el 2011 y 2013, cuando los yacimientos estaban en plena construcción. En cambio, los salarios del agro y la industria, junto con los empleos privados y registrados en ambos rubros cayeron, como ocurrió en Mendoza. En la CABA se produjo el peor desempeño: el empleo y el nivel de salario sufrieron lo peor entre el 2009 y el 2017 y, desde ese último año hasta la actualidad, ha seguido la tendencia del promedio nacional. En Córdoba, por la influencia sojera y de los granos, en general, hubo una mejora en ambos indicadores entre el 2013 y el 2018, y luego quedó envuelta en la tendencia nacional. Neuquén se destacó por Vaca Muerta, en nivel de salarios y en cantidad de empleos nuevos creados. Pero, hoy, los sueldos se encuentran en el promedio nacional, evidenciando un ajuste en ese sentido.

El informe sostiene que Santiago del Estero y Chaco mejoraron sus niveles en empleo y salario durante el período. Lo hicieron gracias a la soja, preponderantemente. La soja proporcionó una mejora en los dos indicadores, mientras que el comercio lo hizo desde el empleo. En Catamarca y La Rioja, el mismo recurso produjo una suba y un descenso drástico. La explotación de los recursos mineros, primero, incrementó los ingresos en ambas provincias e hizo crecer los empleos y el monto de los salarios. Pero, cuando se terminaron, su producción cayó. Y el otro distrito cercano a Mendoza y con el que ha tenido en el último tiempo esa historia de enfrentamientos por el agua, La Pampa, mejoró sus salarios, pero no logró, sin embargo, hacer crecer el número de empleos.

En resumen, el informe de Day sobre la marcha del empleo y los salarios en las últimas dos décadas indica que Mendoza siguió una tendencia nacional hasta promediar el cierre de la primera década. El empleo y el nivel de salarios cayeron un poco más que en la nación. Desde el 2013 en adelante, la creación de trabajo comenzó a disminuir con un poco más de intensidad y, en cuanto al nivel de salarios, como en el resto de la nación, el bajón arrancó en el 2014, con las primeras devaluaciones. Tres factores incidieron: los precios internacionales no fueron los mejores para los productos tradicionales como el vino. El petróleo subió, pero, como el que se produce en Mendoza no se exporta, no mejoró la situación. El segundo factor ha sido Vaca Muerta, que ha funcionado como un imán para las petroleras que se radicaron allí atraídas, particularmente, por los precios del gas, y el tercero, la vitivinicultura, cuya producción fue cayendo y si bien mejoró la exportación entre el 2020 y 2021, los ingresos no resultaron ser relevantes.