Está por cumplirse un año desde que se declaró la pandemia, situación que obligó a suspender las clases presenciales en Mendoza. Fue un tiempo para no desaprovechar, porque el Gobierno provincial tuvo la chance de mejorar la infraestructura para garantizar los desafíos que impone el virus a partir de la distancia social y la circulación del aire.
Sin embargo, la primera prueba mostró la realidad. Las lluvias que arreciaron en las últimas horas volvieron a mostrar el déficit que se vive en algunos establecimientos. Los techos goteaban y las filtraciones reflejaron que todavía hay viejos problemas que resolver. Ni hablar de los sistemas de ventilación, una de las exigencias que se requieren para evitar los contagios. El sistema educativo de Mendoza todavía tolera ventanas que fueron construidas hace 100 años.
Como en otros años, hay establecimientos en obras que llegarán sobre el plazo del 1 de marzo. Desde el gobierno escolar reconocieron que se han demorado un poco. Incluso el mismo Director de Escuelas ha admitido que, si bien la mayoría de las escuelas van a estar en condiciones, no quiere decir que estén en excelente estado.
El reclamo social ha empujado para que se reinstale el derecho a la educación en las aulas. Y el Estado provincial tiene que estar a la altura de esa demanda. Han tenido tiempo suficiente.
