El temor lógico que supuso la pandemia dejó a los chicos fuera de las aulas en todo el país. El problema es que ya se cumplirán 8 meses, mientras el mundo buscó la forma de que los alumnos no fueran afectados de esta manera tan extensa. Así, el regreso a las clases presenciales se llevó adelante en varias naciones, con los protocolos y recaudos correspondientes, incluso, vale decirlo, con algunas marchas atrás, para luego recomponerse.
Pues, bien, en Argentina, la realidad muestra aún por estos días que no hay definiciones ni fechas concretas. Por eso, a contramano del deseo de miles de familias y de la visión de especialistas de diversas disciplinas, y entendiendo que el 2020 ya quedó sin posibilidades, buscan que las autoridades den señales más concretas y claras de que los estudiantes podrán retornar a las escuelas, al menos, al comienzo del 2021.
Ha quedado en evidencia el impacto psicológico y físico que esta situación de encierro ha provocado en los niños y adolescentes argentinos, con un dudoso desempeño en sus trayectorias educativas, tal como damos a conocer en esta edición. Claro está que el aprendizaje mutó a lo digital y, en este sentido, no todos se sintieron o estuvieron preparados, más allá del recurso tecnológico, para enfrentar esa realidad educativa, que se pensó inicialmente para un período más corto, o, al menos, como una complementariedad, mientras se volvía paulatinamente a los colegios. Así las cosas, mientras se observan movimientos de los menores, autorizados por sus padres, para que realicen otro tipo de actividades y estén en contacto con el mundo social, las escuelas siguen cerradas.
