Nuestro país está atravesando una etapa de confusión, y como yo suelo decir, no estoy seguro de que realmente la esté atravesando. La nueva ley de radiodifusión ha traído mucho desconcierto entre las filas de los que no están instruidos en la ley y la gente no sabe discernir qué hay de bueno y de malo en ella. El conflicto del campo no se arregla todavía y es una cuenta pendiente que le pone trabas al crecimiento del país.
El Gobierno se debate en su lucha contra Clarín y Clarín tiene los glúteos apretados porque está viendo que se le puede desmoronar el imperio. Y, encima de males, los grandes del fútbol argentino hacen agua por todos lados. Bien por el Tomba, que se hizo fuerte en la mismísima Bombonera y le ganó a Boca un partido que Boca había empatado con un gol por decreto de necesidad y urgencia. Mendoza quedó muy bien aspectada con respecto al torneo. Los tombinos van a vivir un inicio de primavera muy floreciente. Pero perdió Boca, pero perdió River, jugaron San Lorenzo y Racing y Marcelo Araujo, que ahora es el relator del pueblo, dijo al terminar el partido que merecieron perder los dos.
¿Qué pasa por los grandes? Y sumale a la pregunta esta otra: ¿Qué pasa con la selección? Algunos dicen que estamos en plena crisis de directores técnicos, que no hay técnicos adecuados para grandes emprendimientos, Bianchi no quiere dirigir, Bielsa está en Chile, los demás no la pegan ni con Poxipol. ¿Será cierto, che? A mí me tinca que si bien los técnicos pueden tener su responsabilidad, también hay gran responsabilidad en los jugadores, y también en nosotros, los medios de comunicación, que por ahí agrandamos a Juan de los Palotes porque hizo un gol de chilena y no nos damos cuenta de que fue una flor en el desierto, porque en el resto de los partidos Juan de los Palotes no deja de ser un tronco más en el medio del bosque.
¿Realmente tenemos los mejores jugadores del mundo? Yo tengo mis dudas, y no veo aparecer a ese jugador que nos deslumbre con su habilidad, veo rechazadores, cabeceadores, cancerberos, tirolibreros, pero no la gran estrella. Es más, se me hace que es de noche y, encima, está nublado, pero muy nublado.
