Debería existir alguna carrera corta que nos enseñara a ser tolerantes. La tolerancia puede abrir todas las puertas que cierra el agravio,la confrontación cotidiana. Dicen los religiosos que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, por eso le decimos semejante a cualquiera que esté pasando por esta situación temporal que se llama vida. Muchas desgracias, catástrofes, guerras se podrían evitar si fuésemos más tolerantes con el semejante. En la familia, por ejemplo, es muy probable que los hijos se manden de las suyas en cualquier momento.
Sería bueno recordar que uno también fue hijo, y tal vez más imperfecto que los que uno tiene. En el tránsito resulta que siempre la culpa es del otro, que se mandó una maniobra alocada en plena calle. En fin, tenemos que asumirnos, somos imperfectos, y por eso mismo, tal vez, por respeto a nosotros, la tolerancia es un reconocimiento de nuestras propias imperfecciones. Nos olvidamos del Martín Fierro.
Si lo leyéramos de vez en cuando, encontraríamos muchas enseñanzas, como, por ejemplo, aquella que dice: “Las faltas no tienen límites,como tienen los terrenos, se encuentran en los más buenos y es justo que les prevenga aquel que defectos tenga disimule los ajenos”.
