“El agua es la vida.Cuídala como cuida ella de ti”, dice Serrat en una de las canciones tan bellas a que nos tiene acostumbrado el catalán. Pero, ¿le damos bolilla al consejo? Y, mirá, por ahí regamos el jardín en horarios desusados, por ahí lavamos el auto con chorros más grandes que los que te pueden afanar el auto, por ahí pierden las canillas y no las arreglamos, por ahí hay pérdidas mayores en las calles que el Gobierno no arregla porque, con todo lo que ha llovido, mirá si vamos a perder tiempo cuidando el agua.

    Los grandes conflictos de la humanidad que viene han de ser por el agua, vaticinan quienes no pueden estar sin asustarnos. Por eso, dicen, en el sur de nuestro país se están haciendo grandes inversiones de capitales extranjeros, que son como los capitales nuestros pero hablan en dólares. Por el agua. No sé por qué este planeta se llama Tierra si setenta por ciento de su superficie es agua. Por eso se ve azul desde el espacio, me contó un amigo mío a quien se le dio por agacharse detrás de un burro y lo puso en órbita de una patada el asno. ¿Asno-tado que eres un cerdo-tado? Pues bastante chanchos somos.

   Escuchad y grabad: tras cuatro años de preparación, un gran grupo de investigación publicó –en la revista científica Science– un mapa que detalla el estado de salud ecológica de los océanos del planeta. Y la foto obtenida es muy triste: la actividad del hombre ha dejado su huella, dañando casi todos los kilómetros cuadrados de mar y comprometiendo severamente los ecosistemas de más de 40 por ciento del agua salada.

    Han aparecido peces espadas con espadas de plástico, una ballena que va llena de basuras, tortugas marinas con una caparazón de pañales descartados, pingüinos fangio, súper y gasoleros, un salmón medio güevón, una raya toda torcida, una merluza que es como la Pradón (le sacás la cabeza y todo lo demás sirve), una caballa con montura y gaucho, una carpa de lona, una anguila de poliuretano.

    Todo debido a los factores de destrucción que ha aportado con toda sapiencia el hombre, desde la destrucción de la costa a la suba de la temperatura promedio del agua, desde la pesca a otros elementos, como la alta densidad de torres y pozos de explotación de petróleo. Casi no quedan regiones marítimas prístinas, claras, puras, esto es, sin estar afectadas por la intervención del hombre. Estamos destruyendo el planeta y ni nos preocupamos. ¿Adónde queremos que vayan a vivir nuestros hijos? ¿A Marte, a Plutón, que se salvó de las cargadas por una ele? ¿A Venus? No, mejor a Venus no, que es prohibido para menores.