La industria de los servicios funerarios, según datos de la federación argentina que nuclea a las empresas dedicadas a las exequias, factura al año 2.928 millones de pesos, entre servicios de sepelios y cementerios. El dato, aportado por la Federación Argentina de Entidades de Servicio Fúnebre y Afines, surgió de los actores del sector, dentro de la II Convención Internacional de Servicios Exequiales, la que se lleva a cabo en Buenos Aires, desde el miércoles y finaliza hoy. Sólo por funerales –unos 26.000 al mes–, las ventas ascienden a 1.560 millones de pesos.
El valor promedio de un servicio fúnebre es de unos 5.000 pesos, pero un funeral puede costar hasta 70.000 pesos, indicaron en la Funexpo 2010. La industria funeraria en Argentina emplea a unas 19.000 personas. Funexpo 2010, sirve, además, de espacio de debate para decenas de empresarios de un sector que el común de las personas prefiere ver de lejos, pero que genera suculentas ganancias. Claro que las ventas no son tema fácil, por la sensibilidad de un asunto tabú como la muerte y las costumbres tradicionalistas en torno a los rituales funerarios. “La gente tiene mucho miedo a hablar de la muerte porque cree que es anticiparse.
El funeral hay que organizarlo con anticipación, como si fuera un casamiento. Un velorio no marca que una muerte ocurrió, sino que una vida fue vivida”, dijo a Ricardo Péculo, director del Instituto Argentino de Tanatología Exequial. En torno a los servicios fúnebres hay muchos elementos a tener en cuenta, pero uno esencial es el ataúd. “El argentino tiene el gusto del italiano: el cajón con forma de seis cortes. Aunque nosotros también fabricamos el cajón con extremos redondeados, que exportamos a España, y estamos tratando de imponerlo aquí”, indicó David Fiori, dueño de una de las dos mayores fábricas de ataúdes de Argentina.
Los precios son variables, desde los 8.000 hasta los 15.000 dólares, dependiendo el tipo de material y los elementos decorativos que lleve el cajón. Los hay de madera de álamo, material que exige la ley argentina para las sepulturas en tierra dado que se degradan más rápidamente, y también en cedro o roble, que duran más de medio siglo dentro de un nicho. Para las cremaciones, una tendencia que crece lentamente en Latinoamérica, las novedades en esta feria son los cinerarios artísticos que ofrece la compañía italiana Benedetti y vasijas para cenizas con diseños fuera de lo común, como pirámides o la máscara funeraria de Tutankamon. También hay recipientes biodegradables, fabricados por la empresa Ánforas de Chile, como una esfera de sal para ser lanzada al mar desde un barco que la arroja a las aguas y se desintegra en tres horas.
El Más Allá Group, una empresa argentina que promete combinar “tecnología y emociones para dejar huellas eternas”, ofrece la construcción de “memoriales” en internet y servicio de pantallas para las salas funerarias donde se exhiben fotos, videos y hasta mensajes de condolencias. La empresa promociona además una alternativa peculiar orientada al mundo de los vivos, Palabras en el viento, un servicio de envío de correos electrónicos a personas elegidas de antemano una vez que quien contrató el servicio ha fallecido.
“Puede sonar macabro recibir un mensaje de una persona que ya murió, pero es una forma para que la gente pueda decir cosas que no se anima a hablar en vida. Poco a poco a la gente se le va haciendo más amigable el uso de la tecnología en estos casos”, dijo Marcelo Videla, director de la empresa.
