Desde ya te decimos, sos una camellita, vas a encontrarte con mucho desierto por delante, arena, arena, arena, algunas palmeritas, que no son de las que se comen, y tal vez algunos oasis. Un oasis es un lugar donde podés encontrar agua. No la tomés si ves alguna minera cerca. Seguramente, tu vida, camellita, será la de caminar, caminar, y caminar, llevando cargas en tus jibas, u hombres, que son las cargas más pesada. Porque sos ideal para cruzar el desierto. Los hombres te van a domesticar, vas a terminar sirviendo a los hombres; pero no te preocupés, peor están las vacas a las que, encima, se las comen. Esas jorobas que tenés te permite acumular grasas y líquidos para hacer grandes travesías sin tomar y sin comer. Vas a conocer ciudades con mezquitas, gente con turbantes y numerosas historias que hablan de grandes imperios y bandidos que andaban arriba de tus antepasados, haciendo fechorías como Alí Babá, que es un poroto al lado de ciertos empresarios argentinos. Vas a nacer camellita y debés saber que por tu sangre andamos nosotros los genes de tus antepasados, tres de los cuales acompañaron a los Reyes Magos que fueron a adorar a Jesús y los siguen acompañando cada 6 de enero, cuando los pibes ponen los zapatos para que, al menos, les hagan la mediasuela. Todos los chicos les dejan pastito y agua para que tus parientes coman y, claro, terminan con un atracón de pasto que no soluciona ni un bidón de Activia. Vas a nacer camellita, tu origen es milenario y has sido parte fundamental de grandes civilizaciones y grandes religiones”. Y la camellita nació y se encontró con una jaula en vez de desierto, con la reina de la Vendimia en vez de Reyes Magos y con un montón de gente que le tiraba maníes, caramelos y pororó. Malaya, triste destino, los camellos argentinos. Nació una camellita en el zoológico de Mendoza, no creo que esté contenta con su destino. Se llama Cristina y, si, es jorobada.