Buenos días, a pesar de todo. Vamos a los mendocinos que han hecho trascendente a nuestra provincia a nivel internacional. Digo Daniel Riolobos y me saco el sombrero ante una de las voces más exquisitas de América. Daniel, ingratamente olvidado en nuestra tierra, sigue vendiendo muchos discos aun después de muerto, en Centroamérica y, sobre todo, en su México elegido.

    Digo Polo Márquez, que anda tomando cafés por nuestros bares céntricos y con quien tuve el orgullo de hacer una canción para la calle San Martín. Polo sigue siendo ídolo en Colombia y en Venezuela, entre otros países. Digo Leonardo Favio, que como cantante sigue siendo difundido en todo el continente y como director de cine es reconocido por sus películas, con títulos que dieron mucho que hablar, como El romance del Aniceto y la Francisca, película de culto entre los cinéfilos, o Juan Moreira, una de las obras más importantes de la cinematografía nacional.

    Digo Nicolino Locche, quien, con su magia sobre el ring, nos hizo notorios en todo el mundo. Digo Ernesto Contreras, con triunfos internacionales que nos llenaron de alegría. Digo Verónica Cangemi, nuestra soprano que anda con voz del Barroco sacudiendo los teatros de toda Europa. Digo Hilario Cuadros, quien difundió nuestro folclore cuyano por Chile, Perú, Ecuador, y sus canciones aún siguen siendo famosas en Colombia.

    Digo Carlos Alonso, un pintor tunuyanino que hizo de su obra una admiración de todo el continente. Digo Armando Tejada Gómez: sus poesías y canciones están siendo interpretadas en estos momentos por niños, jóvenes e intelectuales de decenas de países. Digo Antonio Di Benedetto y nombro alguno de sus libros, El silenciero, Zama, Los suicidas, con traducciones y aplausos en numerosos idiomas.

    Digo Fabiana Bravo, que anda haciendo vibrar a los del norte con su presencia en las grandes óperas. Digo Luis Politti, otro de los olvidos grandes de los mendocinos, actor de memorables películas y sufridor de los embates de aquella dictadura para la cual el arte era subversivo. Digo Quino, tal vez el más conocido de todos, ese que ha dejado, a través de la sonrisa, una enseñanza tan fuerte que, más que artista, podría ser llamado revolucionario.

    Digo Julio Le Parc, uno de los artistas visuales más afamados del mundo. Ninguno fue un señorito, un niño bien, todos nacieron en cunas humildes y llegaron a lo más alto de la consideración internacional. Los nombro como un homenaje, esperando que los mendocinos hagamos algo por homenajearlos en serio. Gracias, comadres y compadres queridos, por demostrar que esta tierra tiene cosas muy importantes para decirle al mundo. Gracias.