Muchos argentinos y argentinas tienen un objetivo que podríamos tildar de superficial en esta época: verse bronceados. El bronceado es una señal de distinción, aunque todo el mundo ande bronceado. Te da como una jerarquía epitelial, ¿viste? Porque muchos pueden pensar: este viene de veranear en alguna playa, aunque al bronceado lo haya obtenido en la pileta de la obra social del sindicato de degustadores de aceituna.
Miles de argentinos y argentinas se sienten bien bronceados. Se sienten bien al mirarse en el espejo y comparar pecho y barriga con otras zonas que no quiero nombrar y que quedaron, por respeto, al resguardo del sol. Pero también se sienten bien cuando alguien nota su bronceado: “¡Qué quemadito que estás! Vos sí que la pasás bien”, aunque el tipo haya conseguido ese color cosechando damascos en Santa Rosa. Es decir, constituye un pasaporte al bienestar. Claro que no es lo mismo tostarse en Cancún, por ejemplo, que tostarse en el Lago del Parque, porque la coloración no es la misma.
El bronceado que da la sal marina no la da el agua dulce, por más que usted le eche cinco bolsitas de selusal. Tampoco es lo mismo el bronceado obtenido en una pileta, porque puede aparecer con una ondulación blanca en el medio de la espalda, que es donde le dio la sombra de la bandera del Club. El bronceado artificial también se nota, porque la señorita termina teniendo un color marrón lámpara o lo que es peor, azul eléctrico.
El sol es lo más aconsejable. Sabemos que el sol, desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde es más peligroso que cruzar el Acceso Sur reculando y en chancleta y, sin embargo, según las estadísticas, ¿cuál es el horario en que más gente concurre a la playa?, pues de diez de la mañana a cinco de la tarde. Somos jodidos a la hora de jodernos. Entonces vienen las protecciones envasadas. “¿Qué protector solar le ponés a tu nene?”. “Mirá, yo uso “piel canela”, que tiene benzofenonas”. “¿Y qué son las benzofenonas?”.
“Son sustancias con las que se fabrica el protector solar ‘piel canela”. “Y vos, ¿qué protector le ponés?”. “No, yo le pongo pancután directamente”. Algún día les voy a contar mi experiencia con Febo, cuando en mi luna de miel me quedé dormido a las tres de la tarde en la playa de Algarrobo, Chile. Mi matrimonio no fue consumado hasta el verano del año siguiente. El bronceado del verano, para algunos es como seguir con las vacaciones en la piel, para otros, una forma de demostrar que si bien el sol sale para todos, no todos pueden pintarse con él.
