En política, todo es posible. Que dos dirigentes que dicen odiarse hoy vayan juntos en las listas en la elección de mañana, que una agrupación que combate acérrimamente con otra pueda hacer en el futuro una alianza con sus antiguos contrincantes, que los insultos del día de ayer se transformen en elogios el día de hoy. Los argentinos tenemos casos como para llenar una biblioteca con este tipo de hechos que parecen contradecirse pero que forman parte del modo de encarar la política en nuestro país.

    Los enemigos de hoy bien pueden ser los aliados de mañana. El Cleto Cobos en la elección pasada fue el compañero de fórmula de Cristina Kirchner, se kirchnerizó a tal punto que todos decíamos que Cobos se escribe con K. Hasta entonces, el Cleto era radical, había sido gobernador en nuestra provincia como radical. A propósito, ¿qué recuerdos guarda usted de la gobernación de Cobos?, ¿le pareció buena, mala o intrascendente? ¿Cómo dice? A mí también. Y por aquella alianza del Cleto, ganadora en las elecciones del 2007, los radicales le dijeron de todo.

    Lo trataron de traidor, de vendido, de especulador, de acomodado, de mercenario y otros epítetos menos delicados. Incluso, el partido lo echó de por vida de sus filas. De por vida. Pues bien, resulta que después vino el voto no positivo en la cámara de Senadores con el asunto de las retenciones, y entonces ya no fue tan traidor como era antes, fue traidorcito. Resulta que después, el Cleto comenzó a subir en la consideración popular, y ya no fue un traidorcito, fue alguien que cometió un error.

    Resulta que los Kirchner comenzaron a reprimirlo de diversas maneras, y el Cleto, siendo vicepresidente, apareció como la oposición más firme a la Presidencia, entonces ya no fue un traidorcito, fue un dirigente de peso. Resulta que después vino la muerte de Alfonsín, y el consejo de Raúl al Cleto de que volviera al partido, y ahora lo llaman, lo reciben, lo admiten de vuelta en sus filas, con el mayor agrado. Y no sólo eso, algunos, con aplausos de fondo.

    O sea que lo echaron de por vida y al año y medio lo vuelven a admitir en el partido, lo que da como resultado que, en el radicalismo, la vida dura un año y medio. No se puede decir que sea una muestra de longevidad. Por lo tanto es muy posible que el Cleto vuelva a ser radical. En fin, la eternidad no es tan larga como afirman los místicos.