La verdad es que se pasó Lugo. Porque si hubiera sido presidente de Paraguay nada más, como es, bueno, uno podría decir un desliz pasajero, el que esté exento de pecado que arroje el primer preservativo, la carne es débil y otras conjeturas más, pero el tipo en cuestión venía de ser obispo, una de las máximas autoridades que tiene el escalafón religioso. Y resulta que mantuvo una relación, usted me entiende de qué tipo, con una señorita que cuando la relación se inició tenía 16 años y con la cual tuvo un hijo que ahora tiene dos.

    Bien podría encuadrarse dentro de estupro agravado por portación de sotana. Eso sí, rica la piba, ¿eh? No cualquier feligresa del barrio con sus buenos añitos y algunas várices incipientes. No, rica mujer la elegida. Algunos dicen que Lugo fue sincero con su comunidad al admitir su relación, claro, no lo hizo cuando era obispo, lo hizo cuando ya no lo era y lo hizo cuando se conoció la demanda de la madre, no antes de demanda alguna. Para colmo, la demanda es por la manutención de su hijo, ni siquiera su reconocimiento.

    Estuve analizando los diez mandamientos que reconoce la religión católica y encuentro que el señor presidente por lo menos ha violado cuatro de ellos: No cometerás actos impuros; No consentirás pensamientos ni deseos impuros; No darás falso testimonio ni mentiras; No tomarás el nombre de Dios en vano. O sea, violó el cuarenta por ciento de los mandamientos. Esto lo hizo un prelado que tiene a cargo la dirección espiritual de su diócesis. Sin tener en cuenta el celibato sacerdotal, por el cual también hizo votos.

    Pero los otros votos, los que se colocan en una urna, lo llevaron a mantener un respetuoso silencio para sí sismo, hasta que se descubrió que había metido la pata, bueno, la pata no, pero no quiero ser tan descriptivo. Escándalo mundial con derivaciones que seguramente darán mucho pero mucho que hablar. Digo yo: ¿le seguirá creyendo el pueblo paraguayo a su presidente después de haber sido desenmascarado de semejante manera? Es cierto, de carne somos, pero hay algunos a los que les gusta la de ternerita.