La política es el arte de lo imposible, dice un refrán. Bueno, comparar a la política con el arte es casi blasfemo, en todo caso, arte culinario, porque se cocinan los más exquisitos manjares de poder. Ateniéndonos a la definición inicial podemos decir que en política todo es posible, aún lo menos pensado, que es algo común en política. Por ejemplo, que el kirchnerismo busque una alianza con Menem en la Rioja aparecería como imposible, y se dio nomás. Por ejemplo, que Néstor Kirchner haya sido impulsado al sillón de Rivadavia por Duhalde, y ahora Duhalde sea el peor enemigo del kirchnerismo, también se dio.

    Por ejemplo, que Cobos haya ido en una fórmula alianza con Cristina y, a los pocos meses, haya votado en contra de Cristina, también se dio. Todo es posible, mi amigo, que se junten perros y gatos, pulgas y perros, palomas y halcones, zorros y gallinas, la biblia junto al calefón. Hace unos días, uno de los referentes más importantes del radicalismo, Roberto Iglesias, el que le dio nombre al campamento base del Aconcagua, Plaza de mulas, dejó entrever que el radicalismo podría aunarse en Mendoza con el Partido Demócrata.

    ¿Con el Partido Demócrata? ¿Con los gansos? ¿Qué sale de una cruza de una mula con un ganso? Una burrada. Se debe estar revolviendo en su tumba el Gaucho Lencinas y el gauchito también, y Santiago Llaver, que siempre tomó distancia con el partido emplumado. Pero bueno, para ganar una elección todo sirve, todo vale, inclusive, aquello que va en contra de una línea de conducta histórica. El radicalismo tiene su historia de alianzas insólitas, desde aquel rejunte que enfrentó a Perón en el 45, donde cohabitaban, en una promiscuidad increíble, radicales, comunistas y conservadores, hasta la alianza con un sector del peronismo que llevó a De la Rúa al poder, o al no poder, bah.

    Los finales pueden más que los principios. Así que no se extrañe si en uno de estos días lo ve a Riquelme con la camiseta de River, a Luppi almorzando con la Mirtha, a la Mole Moli abriendo la Feria Internacional del Libro, al Chavo de novio con doña Florinda, y a Batman saliendo de farra con el Guasón. Discépolo escribiría: “Siglo XXI problemático y febril, el que mantiene su causa es un pobre perejil. Si es lo mismo el que sostiene su conducta y su honor, que el que vende por monedas la conciencia que le queda al más mínimo postor. Chan, chan”.