Dos años después, el Congreso de la Nación vuelve a ser escenario de uno de los debates que más diferencias abre entre los ciudadanos, el de la interrupción voluntaria del embarazo.
Con la presentación del proyecto oficial, los diputados abrieron las puertas de las comisiones para escuchar las voces de las dos posiciones en pugna. Es la antesala a un debate de esos que, cada tanto, generan altas expectativas y tensiones sociales, puesto que se juega la salud pública de las personas.
Pero, en el principio de esta discusión ya hubo roces y llamados de atención entre algunos oradores y los legisladores, que pidieron mesura en un terreno donde el argumento puede retroceder ante la emoción y lo que debería ser un debate racional, con fundamentación de ambas partes, se pone caldeado.
Prevenidos del lobby pero también de las amenazas, los diputados estarán blindados ante las presiones con un grupo de abogados. La discusión no llega en un momento fácil para un país en el que cualquier charla roza la banquina, sobre todo, aquellos temas que tienen que ver con lo político.
Por eso, es necesario decirlo nuevamente: se brega para que los legisladores nacionales tengan por delante un debate maduro, racional, sin prisa y sin menoscabar ni agredir al que piensa distinto. Un debate en el que los representantes del pueblo puedan decidir su voto sin miedo.
