nota
  • Hora08:39 Hs.
  • 14/09/2009
fábricas recuperadas por sus trabajadores

Ocho empresas mendocinas en manos obreras

Los dueños cerraron y los dejaron en la calle, pero ellos se resistieron a abandonar su lugar. Formaron cooperativas y gestionan las firmas. Inconvenientes, desafíos y la necesidad de reformar la Ley de Quiebras.


Hubiera sido más fácil aceptar la indemnización e intentar seguir adelante, pero los veintiocho obreros no se resignaron a ver cerrada la fábrica, a que la desmantelaran, a dejar de hacer su labor tan artesanal. Después de meses de angustia, formaron la Cooperativa de Trabajo Curtidores de Mendoza Limitada, que hoy tiene 74 asociados.
Esta es una de las ocho empresas mendocinas recuperadas por sus trabajadores, en las que se desempeñan unos 300 trabajadores. Gráficos y Asociados, Cerámica Cuyo, Oeste Argentino, Recuperando lo Nuestro, Frigorífico Lagunita, Capdeville y la Cooperativa Tropero Sosa (Yáñez), son las otras experiencias en marcha.
Los obreros trabajan en rubros tan disímiles como la imprenta, los alimentos, la construcción y hasta el turismo, pero todos comparten historias. Cuando su patrón se fue a la quiebra se resistieron a quedar en la calle, a conformarse con un plan social. Durante meses no cobraron, sus familias los acompañaron en medio de una gran incertidumbre, hasta que lograron conformar una cooperativa y entendieron el valor de esta herramienta democrática.
También se enfrentaron a problemas similares. Debieron aprender a gestionar una empresa, una tarea nada fácil para quienes siempre fueron empleados, y convencer a los clientes de que podían confiar en ellos, de que harían las entregas a tiempo y con la misma calidad de siempre.
El tema judicial fue otro de los
desafíos comunes. La quiebra de las firmas sigue su camino y los acreedores quieren cobrar. Los obreros debieron entender el palabrerío jurídico, tan ajeno a su labor, y convencer al magistrado de la causa de que podían gestionar la firma transformándose en una cooperativa.
Uno de los desafíos del movimiento de empresas recuperadas a nivel nacional es lograr cambios en la Ley de Quiebras, para que les permita a los jueces tener más herramientas para que los trabajadores puedan gestionar las firmas.
La situación de las ocho empresas mendocinas en manos de los trabajadores es disímil. Unas lograron salir adelante en poco tiempo, mientras que otras se enfrentan a problemas serios de gestión. Sus integrantes comparten experiencias y tratan de ayudarse entre sí, porque aunque saben que la recuperación de las firmas no es tarea fácil, es el camino que decidieron recorrer.
empezar de nuevo. En mayo del 2007, los 28 obreros de la Curtiembre Argentina Italia quedaron en la calle. La firma, que llegó a tener más de 200 empleados y a producir 1.400 cueros diarios, fue cayendo paulatinamente hasta el día en que las máquinas dejaron de funcionar.
Los empleados se resistieron a dejar la fábrica, la única en su tipo en Mendoza. Después de meses de incertidumbre y de consultas, solicitaron la quiebra de la firma -que les debía seis meses de sueldo- y el 1 de setiembre del 2007 se constituyeron en una cooperativa de trabajo. Acordaron la entrega del predio con el juez de la causa y lograron que la Legislatura aprobara una ley de expropiación que les permitiera trabajar durante tres años en el predio sin inconvenientes.
El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) les otorgó un subsidio con el que compraron los productos químicos para comenzar a producir. Además, recibieron apoyo de la Municipalidad de Maipú para capacitar a nuevos trabajadores en las arte de la curtiembre, una labor artesanal.
Los obreros entendieron rápido que ser empleado es más tranquilo y cómodo que transformarse en patrón. Tomar las decisiones en conjunto y trabajar sin descanso para cumplir con las entregas fueron
desafíos que superaron en la marcha.
El presidente de la cooperativa, Manuel Valero, muestra orgulloso la fábrica, mientras cuenta que pasaron muchas horas de angustia cuando las máquinas estaban paradas y no tenían luz ni gas para funcionar. Ahora producen unos 1.000 cueros por día, pero asegura que el temor de perder la fuente laboral no se disipó, porque el camino judicial sigue su curso.
Otro de los integrantes de la cooperativa, Mariano Ciullini, dejó en claro que no hicieron un negociado, sino que recuperaron una empresa, cuidaron a los empleados y tienen la intención de pagar a los acreedores.
Para Julio Ortiz, abandonar la fábrica era impensado. Ingresó hace 21 años y aprendió de memoria todos los pasos para tratar los cueros. Cuenta que siempre tuvo confianza en que saldrían adelante, aunque reconoce que los primeros tiempos fueron difícil, no sólo para los obreros, sino también para sus familias.
Mientras controla que los cueros estén bien cortados, Julio asegura que su sueño sería jubilarse en la misma fábrica donde le enseñaron a hacer este trabajo artesanal.
Juan Carlos Castillo, quien lleva diez años en la firma, confesó que les costó mucho empezar, pero ahora las palabras que más repite son fe y esperanza, porque cree que lo más importante es el convencimiento de todos los asociados de que saldrán adelante.
Gustavo Moreno, de Desarrollo Social de la comuna maipucina, explicó que hace un tiempo surgió esta nueva demanda de obreros que pretendían recuperar sus puestos. Recalcó que apuestan a este tipo de iniciativas porque buscan recuperan la producción y mantener la fuente laboral.
Los obreros muestran con orgullo los galpones de la fábrica que lograron recuperar, así como la planta donde tratan los efluentes de la firma y que es controlada por el Departamento General de Irrigación. Saben que el camino para quedarse con la empresa recién empieza pero están dispuestos a recorrerlo.alternativa social. El Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas comenzó a gestarse a fines de los 90 y se expandió luego del estallido de diciembre del 2001. La alternativa de que los obreros gestionaran la fábrica se transformó en una posibilidad frente a la quiebra y el desguace de las mismas.
La recuperación de la metalúrgica IMPA fue el puntapié inicial y luego le siguieron otros casos emblemáticos, como la fábrica de tractores Zanello (en Las Varillas, Córdoba), el supermercado Tigre (Ciudad de Santa Fe), las alimenticias Ghelco y Grissinópoli y el diario Comercio y Justicia.
Hoy suman 250 en todo el país, con más de 20.000 trabajadores que apuestan por esta forma de economía social, donde lo más importante no son las finanzas, sino las personas y su fuente laboral.
En todos los casos, los obreros se constituyeron en cooperativas de trabajo para gestionar las firmas y lograron leyes de expropiación para poder ingresar al predio de las empresa sin problemas.
El titular de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionadas (FACTA), Federico Tonarelli, enumeró los desafíos a los que se enfrentan los obreros. Llevar adelante la administración de la firma sin contar con la formación necesaria e intentar comprender y resolver los problemas legales, que suelen dificultar la gestión.
Para combatir estas falencias,
desarrollan un plan de capacitación en todas las provincias y trabajan en proyectos para impulsar cambios en las leyes cooperativas de trabajo y de quiebras. El objetivo, en ese último caso, es que la norma beneficie a los trabajadores como acreedores y que les permita acceder fácilmente a la gestión de la firma, sin tantas trabas, que hoy son impuestas al juez por la norma actual (ver aparte).
Tonarelli también planteó los
desafíos. "Nos proponemos constituirnos en un movimiento que desde sus cooperativas, y en el rubro en el que trabajen, puedan fijar precios y tarifas, tener peso en la cadena de valor. En definitiva, que el trabajador autogestionado sea un sujeto político, económico, social y productivo de peso", remarcó.
El titular de la Dirección de Cooperativas, Pablo Carricondo, coincidió con Tonarelli en que el gran problema de las empresas recuperadas es que los obreros den el salto cualitativo que les permita pasar de ser empleados a dueños, con todo lo que esto implica.
Carricondo recalcó que el escenario complejo que se les presenta a los trabajadores no se debe a una cuestión tanto de dinero como de capacitación y liderazgo.
Frente a esta problemática, el organismo creó un departamento específico de empresas recuperadas, que capacita a los obreros no sólo en la conformación y el espíritu de las cooperativas, sino también en la gestión de la firma. Además, les otorga financiamiento o los ayuda a gestionarlos a nivel nacional.los pioneros. Los integrantes de las cooperativas de trabajo Cerámica Cuyo y Gráficos y Asociados fueron los primeros que se animaron a decir no al cierre de sus empresas.
Martín Gauna, presidente de la cooperativa Cerámica Cuyo, dijo que el sueño de los 32 socios es comprar la empresa, para que quede definitivamente en sus manos.
Esta fábrica de cerámica, ubicada en Bermejo, quebró a fines de 1999 y dejó a todos sus trabajadores en la calle. Tiempo después estos se organizaron y volvieron a producir, en el 2003.
El desafío de los socios es producir a cien por ciento de la capacidad de la firma, ya que hoy sólo llegan a 60 por ciento, lo que representa unos 8.000 ladrillos diarios, que venden especialmente en Buenos Aires.
Una situación parecida vivieron los trabajadores de una imprenta ubicada en la Cuarta Este de Ciudad, que se presentó a la quiebra en el 2002 y que fue recuperada por los obreros en mayo del año siguiente.
Trece obreros se transformaron en socios de la Cooperativa Gráficos y Asociados, que, además, ocupa a tres empleados en forma temporaria. Lograron que la Legislatura aprobara una ley de expropiación por tres años para que pudieran ocupar el edificio de la imprenta.
El presidente de la cooperativa, Julio Díaz, comentó que los primeros tiempos fueron difíciles, ya que hasta debieron poner plata de su bolsillo para cumplir con trabajos que dejó inconclusos el anterior dueño. Esta fue una apuesta fuerte para conservar los clientes y lograr que tuvieran confianza en que podían gestionar la empresa.
Díaz comentó que lograron salir adelante, que todos los socios tienen un sueldo digno al final del mes y que, además, compraron algunas maquinarias y son los titulares de la hipoteca del inmueble.
La situación de las ocho empresas mendocinas recuperadas por sus trabajadores es disímil; unas salieron adelante y otras tienen serios problemas de gestión. Pero, más allá de los inconvenientes, los obreros siguen apostando a esta forma de la economía social, a la que adhirieron el mismo día que dijeron no al cierre y al desguace de sus fábricas.

Visitas
Comentarios
IAB
ComScore