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  • Hora06:22 Hs.
  • 18/01/2011
LESA HUMANIDAD: EL JUICIO

Historias del juicio: el policía ?fantasma? que fue asesinado por sus pares en el D2

Los testimonios coinciden en que fue una de las víctimas más torturadas en el centro clandestino de detención. Se sabe muy poco de él


    Es casi un misterio. La mayoría de los que convivieron con él durante el poco tiempo que estuvo bajo encierro lo describe con mucho dolor. Todos, sin excepción, han declarado ante el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) que era salvajemente torturado por los policías que custodiaban a los detenidos en el D2. Se trata de Rosario Aníbal Torres, uno de los desaparecidos por los que se está llevando adelante el juicio por delitos de lesa humanidad en la ciudad de Mendoza.

BREVE HISTORIA. La desaparición de Rosario Aníbal Torres comenzó a investigarse luego de una denuncia hecha por la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de San Luis ante la Conadep. Torres era de esa provincia y había llegado a ocupar el cargo de jefe de Policía del departamento de San Martín en la provincia que hoy gobierna Alberto Rodríguez Saá. Sin embargo, la dictadura lo encontró en la vereda contraria. Torres no estaba dispuesto a formar parte de las patotas policiales y su ideología lo acercó a la agrupación declarada ilegal en 1975: Montoneros. Según algunos testimonios recogidos durante la investigación de su muerte, Torres estuvo en Mendoza en 1976 en, al menos, dos oportunidades.

    La primera de ellas fue conviviendo en la misma casa que Francisco Paco Urondo, el poeta montonero que fue asesinado en 1976 por policías que formaban parte del plantel del D2. La segunda oportunidad se dio cuando fue traído desde San Luis a Mendoza y, tras ser torturado, lo obligaron a identificar justamente a Urondo el día que este resultó asesinado. Previo a identificarlo, Torres fue visto en el D2, en donde varios ex detenidos escucharon sus gritos al ser golpeado por sus propios colegas uniformados, para los que sólo era un traidor. Finalmente, fue asesinado y su cuerpo llevado a un lugar desconocido, convirtiéndose en uno más de los desaparecidos.

TORRES.
“El único caso de policía que recuerdo que se lo vincula con Montoneros fue un señor Chanampa y otro caso, el de un comisario inspector, creo del departamento San Martín de la Policía de San Luis”, explicó Pedro Sánchez Camargo en una declaración hecha antes de morir. Sánchez Camargo no era cualquier testigo, ya que durante la última dictadura militar fue el jefe del D2, el centro clandestino por el que pasó gran parte de los detenidos por las fuerzas dictatoriales. Según el mismo testimonio, para buscar al último de los mencionados se formó una comisión que tuvo la misión de detenerlo y trasladarlo a Mendoza.

     Esas tareas no eran comunes, es decir, miembros de la Policía de una provincia no se solían trasladar a otra para buscar a una persona, pero el caso de Torres era excepcional y provocó que uniformados mendocinos trabajaran en San Luis durante dos días para cumplir el objetivo ordenado. Esa comisión, sin embargo, también estuvo integrada por personal del Ejército y si bien no se sabe el nombre de quiénes fueron, Sánchez Camargo dejó aclarado que de la Policía, los encargados de ese tipo de procedimientos eran dos: Eduardo Smaha y Armando Fernández. El primero de ellos es uno de los acusados en el juicio, mientras el segundo fue apartado por razones de salud.

TESTIMONIOS.Han sido varios los testigos que vieron en el D2 a quien podría ser Torres. Una de ella fue Rosa del Carmen Gómez, quien en su testimonio en el juicio señaló: “Había un señor puntano que nos decía que eran milicos rasos, ellos pedían que los tratáramos de oficiales. Lo trataban muy mal y decían que era un traidor”. Gómez no fue la única en explicar el tratamiento que había hacia Torres. Roque Argentino Luna, otro ex detenido político, afirmó que Torres estaba en un calabozo muy cerca de él, “le pegaban, lo insultaban por degradar el uniforme. Una noche se lo llevaron y no lo vi más”. David Blanco, en su testimonio explicó que esa persona, a la que se refería Luna, había llegado muy mal, “hablaba con dificultad”, afirmó en el juicio.

     En tanto, el relato más crudo fue el de Eugenio París, quien contó que “una noche trajeron a una persona a la que pegaban muchísimo, cinco o seis veces al día, le gritaban policía montonero traidor”. Según París, un día abrieron su celda y le ordenaron limpiar un calabozo, “lo que había era una mezcla de mierda, sangre y vómito”, explicó y agregó que mientras limpiaba fue al baño para enjuagar un trapo y allí sucedió algo que jamás pudo olvidar. “En el primer baño aparece una cara que es el fantasma que me persigue hasta hoy, me dijo: ‘Hermano, ayúdame’. No alcancé a tener la valentía de abrazarlo o consolarlo”.

     Si bien, no se sabe cuál fue el destino final de Torres, sí se puede establecer cuál era uno de los fines de las torturas a las que fue sometido. Renné Haualli, quien iba con Urondo cuando fue asesinado, señaló que ese día vio a Torres sentado en un Peugeot 504 policial: “Lo habían vestido con una gorra y habían dos personas a cada lado. Cómo se hacía en esa época, los torturaban y luego los llevaban a señalar personas”.

   Ese día, además del asesinato de Urondo, se produjo el secuestro de la pareja de este, Alicia Raboy. Según declaró Haualli, Torres había vivido con ella y militaba en la Juventud Peronista. El policía no fue el único ciudadano de San Luis que desapareció en Mendoza. De hecho, en el debate que se está llevando adelante, también se investiga la desaparición de Domingo Britos, quien, al igual que Torres, fue detenido en 1976.

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