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"¿Se lo cuido?" Así funciona el millonario negocio de los trapitos mendocinos

Un cuidacoches puede ganar más de mil pesos por día en las calles del Gran Mendoza si cuenta lo que suma el lavado de autos.

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Por: Alexis Montivero

Día tras día corren hacia los vehículos que están por ponerse en marcha para que les entreguen billetes que, en muchos casos, acumulan desde 500 a 1.000 pesos en algunas horas. La ganancia se puede duplicar si también se ofrecen a lavar el coche. En un relevamiento realizado por El Sol, los datos aportados por municipios, trapitos y tarjeteros del Gran Mendoza señalan que hay al menos 700 cuidacoches en esta área, donde por mes se mueven alrededor de 14 millones de pesos. 

La cantidad de personas que realizan esta actividad se calcula teniendo en cuenta los números oficiales y el modo en que se organizan los trapitos: en Ciudad se sitúan alrededor de las avenidas con estacionamiento medido o esperan hasta que el tarjetero se retire para tomar su lugar, siendo 500 cuidacoches en total; 50 trapitos estimados por el municipio de Guaymallén, otros 50 en los alrededores de las zonas de boliches y bares de Godoy Cruz -municipio donde los tarjeteros son 70- y los que están apostados en el sector de locales bailables de Chacras (otros 40). A esos millones se debe sumar los fines de semana -donde el sábado es el día más fuerte en lugares de actividad nocturna-.

Mientras que los tarjeteros pueden obtener cerca de 500 pesos en un "mal día"; en espacios donde se organizan sin intervención municipal, como en las zonas de boliches, los trapitos consiguen alrededor de dos mil pesos cada sábado. La cifra se dispara en eventos multitudinarios -recitales o partidos de fútbol-, en los que se pide más de $100 por auto: todo "a colaboración".

Pero antes de que cualquiera se plantee la idea de dejar su trabajo y dedicarse al cuidado de autos, los "trapitos" tienen algo para advertir: "Todas las calles están tomadas".

"El Gobierno sabe que con esto se mueve plata, por eso pusieron el estacionamiento medido: querían una parte. No quieren sacar nadie", explicó a este diario "El Checho", un trapito que trabaja cerca de la plaza Alem.

 
 

El temor de los conductores impulsa la recaudación: a pesar de que no todos verbalicen una amenaza, la inquietud de que el trapito le cause daños al vehículo si no se le paga termina ganando muchas veces por sí sola el debate. Como mencionó este viernes un comensal de un carrito de comidas en el Parque Central -que debió pagar 20 pesos por adelantado porque el cuidacoches le avisó que estaba por irse-, "es preferible que te cueste algo de cambio sentarte a tomar algo tranquilo y no ponerte a discutir para tener que pasarte la noche sin sacarle los ojos de encima al auto".

Del otro lado, existen comerciantes y vecinos que conocen a los trapitos del lugar y les colaboran para ayudarlos a tener ingresos. Osvaldo, un lavador de autos en la Alameda, aseguró que incluso la Policía lo entiende así. "Ellos saben que uno acá quiere trabajar tranquilo para llevar la comida a los chicos. Si van a buscar a alguien, que sea a los que son delincuentes", enfatizó.

Ese aspecto social de la problemática que involucra a los trapitos es la que mueve a algunos a aceptar la presencia de los cuidacoches y dejar que les limpien el auto, en general por 50 pesos, a pesar de que en el microcentro se arriesgan a una multa de $800. "Por ahora no hay tanto problema con eso, en una tarde te hacés fácil unos 10 autos, pero otros días te preguntás para qué tanto y parás antes", aclaró Osvaldo, a quien incluso uniformados policiales le pagan por atender sus propios vehículos.

"El oficial que está de a pie por la misma zona los conoce, sabe quiénes causan problemas y quiénes están todos los días laburando", relató a El Sol una mujer de la fuerza. "Nosotros no podemos sacar a la gente porque sí, generalmente esperamos a que un vecino señale a un trapito y lo llevamos por averiguación de antecedentes, pero mucho tiempo no puede estar ahí".

Las denuncias formales que se realizan se suelen tratar de acuerdo al Artículo 49 del Código de Faltas de Mendoza, cuyos incisos "c" y "e" dan hasta 10 días de arresto y multas que pueden alcanzar los mil pesos a quienes amenacen, molesten o inciten a reñir a las personas en la vía pública, de acuerdo con la jueza de Faltas Mónica Araujo.

Esta falta de legislación específica es un reclamo frecuente en los municipios, según mencionó el director de Control de Tránsito de Godoy Cruz, Lisandro Delgado: dado que la comuna no tiene autoridad para desplazar a los trapitos, se apoya en la Policía, quienes a su vez no pueden imputarlos por esa actividad.

"Necesitamos un marco legal provincial: que lo permitan o que lo penen, pero que nos den una herramienta más para controlarlo. La seguridad la brinda el Estado, no un particular: el Municipio autoriza sólo a quienes hacen el trámite y tienen familias que necesitan contención social", apuntó Delgado, quien añadió que los vecinos tampoco realizan las denuncias formalmente ante hechos extorsivos.

En respuesta, el ministro de Seguridad, Gianni Venier, adelantó que el Ejecutivo busca una nueva legislación en la que la actividad de los trapitos "quede complicada de realizarse". El funcionario admitió también que es necesaria una reforma integral del sistema, ya que en la actualidad quienes son víctimas de agresiones por parte de cuidacoches, "deben ir a declarar y empezar un proceso gigante que no soluciona nada".

Para los trapitos, sin embargo, se trata más de "un castigo monetario" que de otra cosa: las horas que pierden cuando los demora la Policía significan autos que se están yendo sin pagarles. Sobre esto, el director de Servicios Comunitarios, Vigilancia y Defensa Civil de Guaymallén, Jorge Carrizo, consideró que a medida que se va implementando un orden con los cuidacoches, los conflictos disminuyen.

"Al principio hay mucha resistencia, como cuando llega el estacionamiento medido, pero después se van acostumbrando. El problema es que la calle es un medio que brinda la posibilidad para cuidar autos, pero si no se controla, todo se da para otra situación: les ofrecen vender droga o sirven de pasamano y entran en un círculo vicioso incontrolable. Eso se trabaja desde la vulnerabilidad social", explayó Carrizo.

Los trapitos prefieren no hablar de cifras en cuanto a la venta de droga, aunque la demanda esté presente en todo momento. Desde universitarios que preguntan por cocaína a los cuidacoches, hasta hombres de traje que salen del casino pidiendo "lo de siempre". A ellos se suman otros trapitos, que negocian entre sí.

Mientras que algunos comienzan a consumir por placer, otros se excusan en la necesidad de estar alertas en el trabajo durante la noche. Así, lo que podría significar un ingreso mensual considerable, obtenido a través de una cuestionada labor y forma de cobro, resulta con frecuencia el punto de inicio de un círculo vicioso.


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