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¿Mito o realidad?

¿La primera película porno de la historia es argentina?

El film mudo El Satario, situada en Quilmes o Rosario entre 1907 y 1912, divide al mundo especializado del cine.

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Ampliar imagen El Satario

Por: Medios

El film mudo El Satario dura tan sólo 4 minutos 32 segundos. La acción transcurre en un bosque donde un fauno camina entre los pastizales hasta que se esconde detrás de un árbol. Ahí observa a seis ninfas que conversan, se ríen mientras juegan y dan vueltas de la mano. Las jóvenes se dan cuenta del peligro inminente, pero es demasiado tarde. El hombre que encarna al diablo rapta a una de ellas.

La película presuntamente transcurre en la ribera de Quilmes o, en su lugar, en la ribera paranaense de Rosario, el fauno pervierte a una de las jóvenes. Se practican mutuo sexo oral, intercambian varias posiciones hasta que las otras cinco van al rescate de su amiga.

El film data de principio del siglo XX y, en su estética, es avanzado para su época porque incorpora por primera vez planos detalles a los genitales de los actores. "Si efectivamente se hubiera filmado acá en la primera década del siglo XX, no me cabría duda de que fue filmada por un extranjero con bastante experiencia en el medio", sostuvo al portal Infobae Andrea Cuarterolo, doctora en Historia y Teoría de las Artes por la UBA, estudiosa del cine silente latinoamericano.

La película incluye diversas escenas, un disfraz elaborado, variedad de locaciones y un montaje refinado. "Teniendo en cuenta que el género pornográfico adoptó desde sus inicios un premeditado anacronismo y hasta un deliberado tono amateur como forma de reforzar su reputación ilegal, este film constituye una verdadera excepción al punto de ser descrito como 'el más bello film porno anterior a 1970'", detalló Cuarterolo.

Las primeras películas porno de la historia eran historias cortas, destinadas a un público masculino de élite, que se reunía en clubes de caballeros dados a llamar "smokers", por el humo espeso de los cigarrillos que allí se fumaban. Se proyectaban también en forma clandestina en cines improvisados, en peluquerías y prostíbulos, y solo tenían acceso hombres de alta alcurnia.

Las actrices, en su mayoría, eran prostitutas. Los productores que venían del viejo continente quedaban cautivados porque se parecían a las mujeres europeas, pero cobraban como argentinas. Los hombres, por su parte, preferían ocultarse detrás de disfraces y papeles pecaminosos.


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