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Sexo: ¿Por qué se le exige todo al hombre?

Los mitos más difundidos sobre cómo "debería" ser el desempeño sexual de 'ellos'.

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Por: Paula Crombas

¿Quién debe tomar la iniciativa ante un encuentro sexual? ¿La mujer siempre debe esperar pasivamente a que el hombre la busque? ¿Qué pasa con el ‘macho’ cuándo no pretende solo lo meramente sexual y sí el romanticismo?

Sin duda que desde Adán y Eva hasta nuestros días, las relaciones que vinculan al hombre y a la mujer han cambiado…¡y mucho! No obstante, a nivel sexual, muchas veces se continúa con el “mito” de esperar de “ellos” en materia sexual, ¡todo!

 Es por esta razón, que muchos son los hombres que ante esta presión sociocultural de antaño que les ‘exige’ ser toda una máquina sexual entre las sábanas, pueden terminar sintiendo agobio y una gran presión interna sobre "el hombre" que se espera de él.

Siguiendo esta idea, es que la sexóloga Marta Rajtman analiza cuáles son los mitos más difundidos sobre cómo "debería" ser el sexo de un varón para que las mujeres, puedan ayudar en modificar esa mirada.

 

Los mitos sobre cómo “debería” ser el sexo de un varón

1) Muchas veces, se los vuelve "responsables" del placer de la mujer: y bajo esta idea, de sus eventuales orgasmos. Se suele esperar que asuman un rol "activo", de iniciativa y de potencia sin límites, sin saber que gran parte de la problemática sexual se origina y/o alimenta de, al menos en parte, esta realidad culturalmente heredada. Pero nada de esto es así; resulta que cada vez son más los hombres que se entregan a vivenciar la sexualidad desde su costado femenino, asumiendo un rol más receptivo, porque ellos también necesitan mucha ternura, protección y cuidado.

2) Ellos deben ir siempre al frente y estar disponibles para el sexo: esto no pasa ni siquiera en los hombres más jóvenes. ¡Pareciera que cuantos más encuentros concretando un coito y un orgasmo, mejor! ¡Esa es otra gran mentira sobre los hombres! Hay sexo intensamente placentero sin coito. La creatividad en el momento del encuentro de dos cuerpos es infinita, solo hay que darse la oportunidad de saber explorarla.

3) Si eyaculan rápido, son inútiles para dar placer: en estos casos, el varón se siente muy frustrado. Pasa lo mismo en los casos en que la dificultad está en lograr la erección, en los que tiene mucho que ver el clima adverso en el seno de la pareja, las exigencias, la falta de comunicación y las alteraciones de la autoimagen, que pueden ser incluso perpetuadores de este problema.

4) Si ellos no logran la erección y/o la penetración, no hay disfrute posible: la mejor forma de impedir una erección es proponerse conseguirla a toda costa. Si bien ser penetrada puede resultar muy placentero para la mujer, también lo es el poder disfrutar con abrazos, caricias, usando no solo el tacto, sino el resto de los sentidos, que provocan sensaciones muy intensas, además de exacerbar la pasión. Y recién ahí, la penetración pasará a ser un ingrediente más, alternando con ella los múltiples recursos y juegos eróticos. Quizá la mujer no se da cuenta, pero esto les saca a los varones muchísima presión en torno a este tema. Hay tantas falsas creencias de las que ellos son víctimas, como la de suponer que la erección es la condición inicial del encuentro sexual, cuando es totalmente a la inversa. Se produce luego de un rato de estar en una escena adecuada, con un buen estímulo para ambas partes. Los varones no son robots, y mucho menos máquinas de erectar.

5) Tienen que "avanzar sexualmente": si no, son tildados de lentos, de quedados, de poco viriles. Entonces, ¿dónde quedan la conquista, el misterio, la seducción y el sabor del cortejo? Cuando la mujer se pone exigente  y/o ansiosa en este aspecto, puede llegar a perderse de todo el condimento de los inicios de un vínculo.

¿Qué puede hacer la mujer?

Muchos varones siguen, aún hoy, sosteniendo que no tienen nada que aprender sobre sexualidad. Pero se olvidan que, sintiéndose tan "superados", se apuran, se desoyen, no dicen lo que les pasa, etc.

Así, la propuesta es que la mujer ayude. ¿Cómo? Abriendo un diálogo sincero con ellos y en donde también pueda abrazar todas las dimensiones del hombre, también las más vulnerables. Y así, poder seguir construyendo un nuevo modo de vincularnos, más real y nutritivo. 


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