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Por: ElSol.com.ar

Si bien por estas horas el foco está puesto en la importancia que tienen los organismos de control, cada tragedia generada a partir de fallas de quienes tienen la responsabilidad de cumplir con ese rol clave del Estado sirve para desnudar la principal cualidad de buena parte de la clase dirigencial: el oportunismo.

Es un modo de hacer política o, peor, de creer que la política es eso. Ocurre tanto en el oficialismo como en la oposición, más allá de qué partidos ocupen esos lugares. Es una política de redes sociales. Apunta a eso. Al efecto inmediato, viral. A la misma necesidad de figurar y de provocar una reacción; de mostrar fotos cuando posan y hacen de cuenta que trabajan. Eso los iguala a cualquier forista. Y, en ese silogismo, se entiende que no hay diferencia entre quien ocupa un cargo público (ejecutivo, legislativo o judicial) y quienes esperan de la clase dirigencial una discusión más elevada. 

Nada de eso ocurre. El debate es de bajo vuelo. Por eso, no existen políticas de Estado. Por eso, las fallas a la hora de controlar. Porque quienes deben hacerlo están abocados a conseguir éxito efímero. 


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