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Estocolmo, la serie que combina trata de blancas, mentiras y corrupción

La serie realizada con producción de Nacho Viale ya se ve en Netflix. Dos de sus protagonistas hablan de las diferencias entre trabajar en televisión abierta por el rating y hacerlo en libertad y fuera de pantalla. 

Ampliar imagen Trata de blancas, mentiras y corrupción política
Por Juan Manuel Domínguez (*)| La serie realizada con producción de Nacho Viale ya se ve en Netflix. Dos de sus protagonistas hablan de las diferencias entre trabajar en televisión abierta por el rating y hacerlo en libertad y fuera de pantalla. El oficio, y cómo viven todo lo que se dice de ellos sobre su vida privada.

Por: Exitoina

Estocolmo es el resultado de mucho amor por el arte”, dice Juana Viale, la actriz que es parte de Los ricos no piden permiso y una de las protagonistas de la serie ya disponible en Netflix. Esta última, que muestra el submundo de la trata y sus vínculos con el poder, la tiene en un rol jugado y es protagonizada también por Esteban Lamothe y Luciano Cáceres. El mismo Lamothe, que viene de un año sensacional gracias a su rol en Educando a Nina, insiste: “Está bueno trabajar en otro formato, porque a veces lo que tiene la TV diaria es que, dependiendo de cómo le va, te dura tu personaje tantos y tantos días. Yo prefiero el otro modelo, el que implica que vas, tenés un personaje armado y cerrado. Más cercano al cine. Está buenísimo que se lancen a hacer series así”. La productora detrás de Estocolmo es Story Lab y el lujo de llegar a Netflix no pasa inadvertido para Juana Viale, sobre todo considerando que es la productora de su hermano Nacho: “Estoy hiperorgullosa, y a nosotros, que a veces sabemos que tenemos una herencia familiar artística que no negamos, algo así nos permite estar muy agradecidos. No dejamos de ser seres individuales, y mi hermano tiene 35 y no sólo Estocolmo es uno de sus logros, también La casa del mar fue un éxito. Nacho es el productor de mi abuela, Mirtha Legrand, en un programa que tiene muchos años, y ahí está también mi hermano Matías. Más que feliz de haber trabajado con Nacho, me siento orgullosa de que mi hermano tenga una serie hecha a través de un premio ganado y que hoy esté en Netflix”.

—Esteban, vos tuviste un año clave, y Juana, cada vez más estás en papeles que parecen dejarte feliz. ¿Cómo se siente eso como actores?

VIALE: Todo en la vida tiene procesos madurativos. En todo lo que uno haga, siempre. Tiene que ver con el goce que me da hacer lo que hago, y cada vez aparecen proyectos más cercanos a lo que a mí me gusta. Siempre aprendiendo.

LAMOTHE: Bien, bien. Tranquilo. Fue un año de muchas cosas, y a Educando a Nina le fue súper, entonces te da alegría. Así como me gusta el cine, u otro formato, también disfruto mucho la televisión, disfruto mucho ir todos los días a trabajar, y además acá salió todo bien. Tuvo momentos más molestos, que vienen con la fama, y de repente ves gente que dice tu nombre en la televisión y es más complejo. Pero está bien.

—¿Fue muy difícil ese instante en que se te mencionaba después de la separación de Griselda Siciliani?

L: Sí, pero la verdad es que no hubo tanto problema. Quiero decir, yo estaba y estoy bien con Julieta (N. del R.: Zylberberg, su pareja), tengo la mejor con Griselda, entonces para nosotros estaba todo muy claro. Por supuesto que no está bueno que te digan por la calle si tuviste sexo con la mujer de tal o si es verdad que andás en tal otra. Necesitás estar muy bien parado para que un momento así no te tire. Y por suerte, entre el programa, la buena onda entre nosotros y todo lo bien que estamos con Julieta, pasó todo. Pero te llega a agarrar en otro momento y salís a las piñas.

—Juana, ¿te acostumbrás alguna vez a ese tipo de presencia en los medios?

V: Nunca te acostumbrás a que hablen de vos. No me gusta que hablen de mí. No me conocen, o dicen cosas que son externas a una realidad profunda del ser de uno. Es muy fácil generar polémicas sin contenido cuando hablan de uno. Pero creo que también uno como profesional en esta materia va aprendiendo a dejar los comentarios o las noticias vacías de contenido real profesional de lado. Yo a nivel personal siempre lo supe, y mi familia, mis amigos y mi entorno también, que son quienes me conocen, los que saben de mí. Después está quien no te conoce y le venden papa podrida, que por fuera parece increíble. A veces la gente compra eso, pero yo no creo que sea tonta. Las cosas caen por su propio peso. Yo dejo a mis hijos para irme a trabajar, para hacer algo que me gusta pero que me cuesta. Eso tiene que prevalecer. Yo no dejo a mis hijos para que la noticia sea algo que no me llena.

—¿Es difícil ser actor hoy en la Argentina?

L: Es muy difícil. Yo ahora, podría decirse, estoy en un buen momento, y recién empiezo a laburar otra vez en marzo. Marzo, ¿entendés? Mientras tanto tengo que seguir pagando los mismos impuestos. Es mucho tiempo hasta marzo. Por eso, cuando me preguntan, siempre les respondo lo mismo a los actores jóvenes: autogestión. Hay que autogestionarse. Nosotros lo hacíamos con Romina Paula, Esteban Bigliardi, Pilar Gamboa. Gestionábamos nuestros espacios. Está muy difícil, entonces ése es un buen punto de partida.

V: Creo que ser actor es difícil en cualquier país, en cualquier lado del mundo, ya que no hay una continuidad de contrato, si querés hablar así, a largo plazo. Siempre los proyectos tienen una duración finita. Ser actor y tener continuidad muchas veces no depende de uno mismo. Uno puede autogestionarse, como yo hago con la obra La sangre de los árboles, pero a nivel cine o televisión dependés de productores y gente que ponga el dinero para que sea posible. Yo gracias a Dios este año trabajé muchísimo, y en cosas que me gustaban y que pude elegir y decir que sí o que no. Pero es hoy. Mañana…

—¿Qué los atrajo del proyecto?

V: Me atrajo la historia, la concepción que tienen los personajes para abordar este tema; el elenco era muy atractivo también. El proyecto, al no tener un aire, permitía abordar los temas con plena libertad, sin manejos de rating, sin manejos de bajadas de línea, entonces eso lo hacía más interesante. Los tejes y manejes entre el periodismo y la política y el crimen, por referirse de una manera a la red de trata. Se habla con la honestidad de la palabra, cosa que creo que permite se aborde bien el tema y deja en claro que esto es así. Siento que en la vida real es así también. Siempre hay tongos políticos y tongos periodísticos por atrás de “yo digo”, “no digo”. Existe todo ese mundillo y está bueno convertirlo en una ficción. Y como actriz, poder jugar en esa realidad que se vive día a día y poder mostrarla, y que Netflix haya comprado y apoyado este producto que es Estocolmo.

—Aparte de Netflix, ambos estuvieron en programas que les ganaron a las “latas”. ¿Cómo se vive ese “duelo”?

L: Está bueno ganar, claro que está bueno. Honestamente, no soy alguien a quien no le importe cómo le va a ir a aquello en lo que trabaja. Yo quiero que gane, y me gusta eso. Supongo que es más barato para los productores de Telefe comprar una lata, pero ojo, no me gusta tampoco el actor que quiere quejarse por quejarse, que se queda simplemente en el “soy actor argentino”. Yo me he tomado mi tiempo y me he sentado a verlas. ¿Por qué mi vieja habla más de “X” que de mí? Y lo cierto es que están bien hechas, laburan bien. Entonces, quizás hay que ver qué están haciendo ahí y ver qué podemos imitar.

Construir con esfuerzo

—Juana, hablaste de la herencia familiar. Tu abuelo Daniel Tinayre era un director de policiales como pocos y tu abuela fue la mejor actriz de comedia. ¿Cuánto pesa esa parte del legado?

V: Eso está, eso existe. Mi abuelo era francés y vino a la Argentina. Mi abuela viene de una familia supertrabajadora. Mi tío José Martínez Suárez (N. del R.: actual presidente del Festival de Mar del Plata y director del cine clásico argentino) es un groso, y todos los que lo conocen saben lo que significa conocer a un ser distinto. Mis padres siempre han sido trabajadores y nadie les regaló nada. Mi abuelo paterno era médico. Toda mi familia ha trabajado y construido desde el esfuerzo. He heredado cosas buenas y cosas malas, por referirme de alguna manera a lo que significa la parte más pública de la carrera de mi familia.

—¿Te fue difícil esa parte?

V: Eso también construye y te fortalece. Yo estoy haciendo lo que puedo desde el esfuerzo, con mucha dedicación y mucho amor.

—Esteban, después del éxito, ¿hay un lugar al que quieras llegar con la actuación?

L: La verdad que no, no quiero nada. Sólo quiero poder trabajar. Quiero, como cualquiera, poder tener una casa, poder comer afuera, poder tener un auto y mis 15 días de vacaciones. Mi pequeña vida microburguesa. Pero no es fácil, no es fácil que cualquiera tenga algo así. Entonces, eso: quiero laburar como cualquiera.

*Especial Diario PERFIL


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