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La deforestación: ¿estamos haciendo lo suficiente para evitarla?

Se estima que un poco más de un tercio del total de la superficie terrestre del planeta está ocupada por selvas y bosques nativos.

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Por: ElSol.com.ar

El tema que nos ocupa hoy es uno cuyo análisis arroja datos preocupantes: el constante aumento de la deforestación mundial.

La deforestación es la pérdida de bosques nativos a causa de la mano del hombre. Existen muchas causas por las que esto ocurre pero a nivel global siempre es el hombre el responsable por la explotación de un recurso natural sin realizar los esfuerzos correspondientes para su renovación.

Las principales causas de deforestación a nivel mundial son, en menor medida, la tala indiscriminada (para utilizar la madera como insumo sin reponerla de forma planificada), y sobre todo, el aumento de la frontera agropecuaria.

Este último concepto hace referencia al terreno que la actividad agropecuaria “le gana” cada año al bosque nativo. Esto es, talar y deforestar estos bosques para que esos suelos sean utilizados con fines agrícola-ganaderos.

Un análisis rápido y poco profundo de la situación podría arrojar la siguiente conclusión: “este es un proceso lamentable, pero necesario, ya que la población del mundo está en aumento y por ende también crece la demanda alimenticia”. Si bien esto es cierto, el problema radica principalmente en la ineficiencia de utilización de los recursos asociada a este aumento de la frontera agropecuaria.

Más de la mitad de los terrenos deforestados son luego utilizados para ganadería, o bien para sembradíos de productos que serán utilizados para alimentar al ganado, en lugar de a seres humanos.

Es aquí donde esta ineficiencia se hace evidente. Tal vez no nos lo planteamos a menudo, pero esto se debe sobre todo a que los números estadísticos son fríos y los consideramos lejanos, no tienen que ver con nuestros hábitos o con nuestra vida cotidiana. Sin embargo, nada más lejano a la verdad. La deforestación es en gran medida, NUESTRA CULPA, sobre todo porque son nuestros hábitos, como sociedad, los que fomentan estas prácticas depredativas de los recursos naturales.

El planeta aloja actualmente un número muy superior de animales al que debería (y muy superior al de humanos también). Al mirar estos números de cerca, las cifras asustan un poco… Nos preocupa pensar en la idea de q    ue la población humana del mundo no para de crecer, y que esta población en aumento evidentemente debe alimentarse de algo. Sin embargo, en la actualidad la población mundial se estima en un poco más de 7.000 millones de personas, mientras que existen más de 25.000 millones de animales de ganado en el planeta, los cuales serán utilizados para alimentar a humanos.

La ecuación se vuelve más sencilla entonces al mirarlo así. El planeta debe alimentar a más de 30.000 millones de bocas si contamos las de humanos y animales de ganado en conjunto, mientras que el humano se comerá luego a esos animales (que, evidentemente, no viven del aire). Sin embargo, el humano puede también alimentarse del alimento de ese ganado.

Esto puede sonar un poco idealista, pero analizando la problemática en profundidad, encontramos allí la verdadera causa de la deforestación. Estamos devastando nuestro suelo, nuestros bosques para colocar allí animales y alimento para esos animales que luego comeremos… ¡Todo de forma absolutamente innecesaria!

Argentina figura, como es lógico en un país altamente ganadero, en el nefasto top 10 de mayor deforestación en el mundo (el cual es liderado por nuestro gigante vecino del norte, Brasil). Los 10 países que más deforestan en el mundo se encuentran en América Latina y África, las dos regiones más subdesarrolladas al respecto en términos ambientales.

Nuestro país pierde actualmente un 1% de su superficie de bosques nativos AL AÑO. Si bien existe una ley de protección del suelo y de los bosques nativos, la implementación de la misma es difícil sin un cambio de cultura y paradigma en un país que aún considera que algunos animales simplemente deben nacer y morir por nuestro capricho (sobre todo aquellos que se nos antojan más sabrosos al paladar).

Existen países desarrollados (sobre todo en Europa) que están haciendo un gran cambio de esquema. Primero, al hacer evolucionar el medio alimenticio hacia uno más alejado de los productos de origen animal, y por ende más sustentable a nivel ambiental, y luego implementando normativas tendientes a la reposición de los recursos, al punto de que algunos de estos países tienen cuotas POSITIVAS de forestación. Es decir, la superficie cubierta por bosques en estos países de hecho crece año a año, a diferencia de lo que ocurre en nuestra región.

Se podría decir que esto ocurre ya que se trata de economías desarrolladas con sociedades más avanzadas y mejor educadas. Sin embargo, otros países con altas tasas de subdesarrollo como China e India (ambos intensamente superpoblados) también muestran cuotas positivas de forestación. Podemos inclusos citar el caso de Chile, nuestro vecino trasandino, que también ha aplicado políticas de reforestación en los últimos años, deteniendo el proceso de pérdida de suelo nativo.

Entonces, si bien la educación y desarrollo de una sociedad influye en el entendimiento global de esta problemática, este proceso debe, lógicamente, estar acompañado de políticas fuertes y concretas tendientes a la concientización de la población en general, y a la protección de los recursos, tanto renovables como no renovables.

En ambos aspectos, nos queda mucho para crecer como país aún. Desde esta columna esperamos sinceramente poder aportar nuestro granito de arena haciendo al menos esta problemática visible y comprensible para nuestros lectores.

Quique Fontán Balestra


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