nota

Por: Leandro Hidalgo

Las personas precisan una ventana hacia alguna parte. Una vez hallado ese sosiego, se lanzan a la pretensión final, tener razón. Y ahí termina el recorrido.

Las plataformas en red hornean tantos pancitos como mini fábricas de usuarios expongan su personalidad, que como mucho publicitan sus artilugios, y como mínimo replican lo de otros.

Una vez lanzados al afán de tener razón, justifican, demuestran, exponen, como en los procesos químicos pero en cualquier ámbito de la vida, disputan, quieren su trozo, agreden como chocos, si hasta sin querer uno los torea, y así hasta que finalmente obtienen una parte, o toda, no es eso lo que a mí me importa, de la razón.

Hay algo de este mundo que prioriza ese abstracto, la razón; que condena al obituario el truco mágico de lo inconexo, de las partes que no encajan, de los que no entendemos ni las partes y así nomás, en un soplo, queremos hacer un todo.

El coraje de la bravuconería, para mí no tiene talante ni efecto sobre la espuma de lo múltiple. Y la razón que se disputa se vuelve propia, personal, se la ponen en la cara y en los muros de los que defienden una. ¿Y qué hay de todo lo extensivo que había en el estilo?, ¿y qué hay de la nobleza de expandirse hacia los sin voz ni voto?, ¿y qué hay de la idea de una especie emancipada de las cadenas? (parece 1789 y es 2015). Se vuelve misterio, porque la andanada y la polvareda maquillan a quien emite lo discursivo. Él o ella, es quien dice que. Él o ella es quien porta un espíritu más altruista que. Él o ella, es quien sabe tal asunto y entiende lo complejo más que.

Saber alguna cosa es difícil. Lleva tiempo, curiosidad. Pero hay algo más difícil que eso, y es no volverse un fundamentalista, un avión tomado en el cielo, un león en los foros, de lo que tanto costó entender.

Se aprende mientras se sube la escalinata, se reza en el trampolín al Dios del turno, y listos ya preparado para tirarse a la pileta. La única. En el club de la coyuntura.

Cambiar lo que pensamos, con continuidad, ser incoherente, desfasado, tal vez sea algo de la libertad. El Sabio de Baltimore, decía, cuando encuentro una idea nueva, sea estética, política, teológica o epistemológica, me pregunto instantánea y automáticamente qué le pasaría a su expositor en caso de que planteara la idea antitética. Si conjeturo que no le pasaría nada, entonces me dispongo a oírlo con entusiasmo. Pero si veo que el cambio de posición le haría perder algo valioso, entonces le escucho con un solo oído, pues él no es un hombre libre, o sea que no es un hombre.

El hombre en plano de libertad, no es aquel que amarra la razón al aparato de lo que ha logrado entender. Eso es una verdad, o un aspecto de la verdad. Eso es apenas que tiene razón, o un aspecto de la razón. Eso es un chapuzón. Lo demás son las cuatro estaciones, y la intemperie extraña de vivir en el mundo.


Permalink:
APARECEN EN ESTA NOTA: actualidad opinion sociologo leandro hidalgo
visitas social_count

Comentarios de la nota

También te pueden interesar

IAB
ComScore