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Varios
  • Hora16:38 Hs.
  • 21/05/2010
¿Excusa o realidad?

Sexoadicción

En muchas ocasiones hablamos de la adicción al sexo como algo curioso e incluso nos divertimos entre amigos haciendo alarde de esa sed sexual propia de días o etapas determinadas. Pero no debemos mezclar conceptos ni confundir momentos de deseo intenso con términos que se refieren a problemas mucho más serios.




La adicción al sexo es un trastorno con rasgos obsesivo-compulsivos que tiene que ver con una alteración en el comportamiento sexual. Quienes lo padecen sufren, luego de concretado el acto buscado, sensaciones de tristeza, vergüenza, dolor, ansiedad, angustia, etc, que, paradójicamente, les lleva a buscar una y otra vez sexo. Tanto las acciones como los pensamientos están ligados a un aparente placer pero terminan generando un infierno en la cabeza de quienes lo sufren.

Si bien pueden dar rienda suelta a sus deseos y fantasías, solos o acompañados, e incluso alcanzar la concreción de los mismos, no consiguen sentir la tranquilidad ni el relax de haber disfrutado y sentir esa calma y alegría tan propia luego de haber mantenido relaciones. Rápidamente comienzan a sentir mecanismos de ansiedad que aumentan de manera progresiva. Por lo tanto el haber concretado el acto sexual sólo les disminuye transitoriamente esa ansiedad pero al poco tiempo esos pensamientos vuelven a surgir.

Con sólo pensar en este tipo de casos podremos advertir que éstas personas le dedican mucho tiempo a los pensamientos o a la concreción de las situaciones sexuales y ello trae consigo muchas consecuencias que no tardarán mucho en hacerse notar. Las excusas serán cada vez mayores y las relaciones de familia o trabajo se verán afectadas. El echar la culpa a la pareja o al sistema de lo que está sucediendo también suele ser una conducta habitual en los enfermos que suelen terminar escondiendo de su entorno muchas de las conductas que no pueden dejar de realizar.

Las personas que padecen adicción al sexo suelen ser más hombres que mujeres; aunque en el caso de las mujeres se observa más facilidad para acudir a una consulta con profesionales del tema. Normalmente el perfil de quien padezca este síndrome suele ser muy variado y adoptar distintas formas que abarcan desde la masturbación compulsiva, las relaciones múltiples homosexuales o heterosexuales, los encuentros con personas desconocidas, la utilización de pornografía o líneas eróticas compulsivamente, el exhibicionismo y hasta conductas antisociales.

Entre tanta clasificación de las personas que verdaderamente sufren esta enfermedad cabe destacar que no toda búsqueda de placer sexual fuera de la pareja significa adicción al sexo. Es importante separar estas características ya descriptas anteriormente; pues hay muchas personas que intentan enmascarar otras conductas excusándose en pretextos referidos a la adicción peral sexo.

La importancia en la distinción de estos aspectos reside en que hay otras situaciones que también presentan alto deseo sexual y preferencias sexuales pero que no causan ningún tipo de culpa. El componente de la angustia y ansiedad nos ponen en evidencia cuándo se trata de un adicto y cuándo no.

Hay otras situaciones que pueden confundirse con la enfermedad que estamos tratando. Nos referimos a casos como el de la discronaxia sexual que se refiere a la variación en las ganas o deseos sexuales. Esto puede suceder en una pareja normal y no es considerado una enfermedad ya que sólo constituyen variaciones en las ganas habituales de cada persona o pareja (aunque son generadoras de discusiones y ansiedades que deben tratarse)

Volviendo sobre el caso de los adictos al sexo debemos tener en cuenta que las parejas de las personas que sufren este problema comienzan a sentir que la relación es disfuncional y se sienten despreciadas, resentidas y todo ello causa un gran resentimiento. Esta es una de las razones por lo que es importante que estos problemas se traten también en la pareja o familia del adicto.

Y aquí aterrizamos en las distintas formas que el enfermo tiene para tratar este síndrome que lo atormenta. Resulta sumamente importante que éstas personas reciban un sistema de soporte que englobe lo médico, lo psicofarmacológico y lo psicoterapéutico. También debe tenerse en cuenta que los grupos de contención sirven de soporte ya que permiten que el enfermo se relacione con personas que están pasando por situaciones similares y eso tiene para ellos un valor incalculable.

Esta enfermedad se incorporará en el año 2012 en el DSM 5, manual que recopila todos los trastornos o desórdenes de la esfera mental. Esto nos da una dimensión de la gravedad que puede tener este tipo de trastornos y la importancia de que sean tratados. En cada caso se procederá según el grado de evolución que presente el paciente, pero en todas las circunstancias será preferible hacer frente a esta realidad y no esconderla debajo de la alfombra con excusas o falsas justificaciones.

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